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TED en Español

Unir sociedades a través de las historias | Jose Luis Gallego

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Society & Culture, Education, Technology

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🗓️ 28 October 2021

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Summary

¿Los cuentos tienen la capacidad de reconstruir relaciones y tejidos sociales? En su charla en TEDxRíodelaPlata, el narrador oral José Luis Gallego demuestra que con el simple hecho de contar una historia podemos mejorar la vida de las personas de manera muy importante. Para más ideas de TED en Español, los esperamos en TEDenEspanol.com.

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Transcript

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Los cuentos tienen la capacidad de reconstruir relaciones y tejidos sociales.

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Bienvenidos al Podcast de Teden Español, Soy Charri Garbulski.

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En su charlante de Kirchrio de la Plata, en la rador oral José Luis Gallego,

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demuestra que con el simple hecho de contar una historia

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podemos mejorar la vida de las personas de manera muy importante. Por ser luz ya llego, entra al escenario con una silla en vuelta en papel. Para mi presentación, voy a utilizar un dispositivo que es propio de mi oficio. No usa cables, no usa pilas. No sé con Internet. No tengan miedo, no es peligroso. De hecho, me autorizaron para hacer esta. Esta herramienta de trabajo sirve para decir que yo me voy a quedar acá con ustedes. Y otra herramienta que utilizo es la palabra y el medio con el que trabajo es la imaginación. Yo soy un narrador de historias, soy un cuentero especial, pero la mejor forma de mostrarles cómo es mi trabajo es contándoles un cuento y les voy a contar un cuento antiguo, un cuento folclórico japonés que dice así había una vez un samurai que se llamaba Casai, el samurai Casai.

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Y un día de el samurai Casai regresó a su casa y como es habitual en los japoneses, se sentó sobre sus talones. Y de pronto escuchó una voz que le hablaba desde su interior y le decía, ¡samuráí soy tu alma!

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¡Enccuéntame! Estoy camino al cielo, estoy camino al infierno. ¡Ah! ¡Qué no habláis! Porque mi alma tiene pos de niña. ¡Ah! Pero el alma del Samurá y no voló a decir nada. Y el samurai quedó muy perturbado. Andaba por los caminos, tomaba la gente y le decía, Camino al cielo, camino al infierno. Nadie sabía que decirle. Y así este samurai fue al norte, fue al sur, fue al este, fue al oeste. Y de todo ese viaje solo encontró la mitad de la respuesta a su pregunta. Un monje le dijo que sí, he visto tres personas que han nido al cielo, pero una no ha regresado y la otra no ha traído su lengua y la trasera está totalmente loca. Esto no le sirvió a esa muray. Sigó perturbado, sig siguió buscando y finalmente la respuesta la encontró dentro de su propia mente, en un recuerdo, recordó que hacia mucho tiempo un viejo, un hermitáneo en una cueva, lo había ayudado a esconderse y lo fue buscar tres montañas, yo lo cuento rápido pero Samuel haitarlo mucho tiempo y finalmente llegó hasta la cueva

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se plantó delante de la cueva y llamó al viejo. Viejo? Soy el samurai, ¿qué hay? Te acuerdas de mí? Estoy buscando el camino del cielo, el camino del infierno. Viejo, estás ahí. Y después de un rato, apareció el viejo con la mitad de la cara iluminada y le dijo casi me acuerdo a leti claro que me acuerdo a leti samuelay gol do samuelay o lo loso samuelay flatulencia dejó en mi cueva tuve que limpiar la cueva con olor a samuelay durante días ent, enteros, para sacarme el olol a Samuel A. ¿Qué es cobalde? ¿Por qué Samuel A. Es contió dentro de la cueva del viejo como un niño se esconde a la falda de su madre? Samuel A. Goldo, ololoso y cobalde y tonto, lento. Samuel A. Inútil. A medida que el viejo iba insultando al samurai,

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ese samurai comenzó enfureserse. Samuel, hay inútil. A medida que el viejo iba insultando al Samuel,

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a ese Samuel ahí comenzó en Furesero,

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se cada vez más, cada vez más,

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hasta que con la brena inchada sacó su catana filada

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y en el momento en que estaba blandiéndola espada

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para cortarle la cabeza al viejo,

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el viejo le dijo,

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¿Asá? ¿Asáa es el camino al infierno. Y el samurai, quien comprendió el mensaje, ¡hush! volvió a guardar su catana, a lo que, el viejo agregó y hace al camino al cielo. El viejo de la Cueva Úmeda, ese viejo marcó en la imaginación del Samurai una línea, como si fuera una pincelada, y de un lado de esa línea quedó el bien la bondad, la comprensión, la paz y del otro lado quedó el infierno, la violencia, la guerra. A veces como narrador oral yo también marco esa línea y otras dejo que la margen mis oyentes, pero la mayoría de las veces esa línea. Y otras, dejo que la marquen mis oyentes.

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Pero la mayoría de las veces esa línea se marca sola.

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José Luis recogen la envoltura de papel

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que envolvía su silla y comienza a romparlo.

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Parece solamente un borde de desprolijo por cierto, pero es mucho más que eso. Lo que está del otro lado del borde, lo que está del otro lado de la línea, es lo marginal. Y aquello que es marginal no se es desconocido y lo desconocido nos transforma en ignorantes y la ignorancia alimenta al miedo y frente al miedo o huimos o atacamos o huimos o atacamos Y esto es algo que le suceda los que están de un lado del borde y del otro lado del borde también. Mi especialidad como narrador oral es ir a contar cuentos del otro lado de la línea que marcó el viejo. Yo cuento mitos, leyendas, relatos, anécdotas, historias, encárceles, envillas, en hospitales, en basurales, pero también lo hago en escuelas, en bares y en teatros. Y cuando cuento cuentos recibo respuestas, observo transformaciones. Cuando cuento cuentos, la violencia queda afuera. Las armas quedan afuera y aparece la persona, la persona queda adentro y con ella queda adentro su esperanza. La unidad número 48 es una cárcel de máxima seguridad. Ahí adentro funciona una universidad, la Universidad Nacional de San Martín.

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Y en ese contexto yo coordino un taller, un taller para inventar y para contar historias. Este es un ejemplo de cómo la esperanza queda adentro. Escuchamos a continuación la voz de Martín, quien está preso en una cárcel de máxima seguridad. Eso soy Martín, ahora si gustamante estoy en la unidad 48 de acá de esa Martín. Y bueno, me encontré con esto que me pareció maravillosa, ¿no? Porque dije, me puse a pensar que me contó un cuento a mí. Y me pregunté si yo le conté algún cuento a mí, si hijos ellos no le conté ningún cuento a mí, me sigo, y me genero algo dentro que no no puedo expresarlo con palabras de salvo, que no se puede expresar y reconte un cuento a mi hija, como te conté vino a visitar a mi hija, reconte un cuento a mi hija, que no me olvido nunca más la cara que me miraban, creo que grababa, disviste que hay un momento que vos con tus hijos buscase esos momentos azcaras, esas muecas que se te graben, las fotos que se te graben, bueno tengo 800 fotos de ese día, de la cara de cómo me miraba, de cómo abrió los ojos y cómo hacía el ojesto y después miró la madre madre y con los ojos lleno de la hermosa, que se le cayó en la hermosa. Una de la ternura... terrible, ¿no? Pero ahí me di cuenta que los con tantos años pasaron yo, no? Recién hoy aprendo a contarle un cuento a mi hija. Después de ese día... ¡Aplausos! Después de ese día, Martín volvió a su celda después de la visita. Y su hija volvió a su casa donde no está Martín, su papá. Sin embargo, hay recuerdos que perduran por siempre. yo no sé si la vida de Martín va a cambiar contundentemente o no, pero ese instante fue el reparador. El arte une y repara, y la narración oral es un arte antiguo. Es como dar una puntada con aguja e hilo. Es muy posible que la tela que el tejido no se vuelva a unir por un solo punto pero si cada uno de nosotros fuera del otro lado de la línea y diera una puntada el tejido social se vuelve a unir es muy posible que no quede como antes. Va a haber marcas, va a haber recuerdos, va a haber desconfianza, pero va a estar unido. Mientras que esté separado, va a haber diferencias. Y las diferencias generan violencia. Y el sistema responde a esa violencia con más violencia, multiplicándola, replicándola. Narrar y escuchar historias es reparador. Las historias nos tienden puentes, lazos, de forma amable. Las historias desde hace miles de años nos enseñan, nos muestran que la vida se puede manejar de diferentes formas frente a una misma situación. Los cuentos nos devuelven la esperanza en porciones pequeñas, porciones fáciles de administrar. Y es algo que cualquiera de nosotros puede hacer, porque es parte de nuestra humanidad. Además, quiero decirles algo sobre esta tecnología y sobre el miedo. Haz unos minutos cuando llegué aquí y abri el asilla o cuando la abro en una cárcel o la abro en una escuela, yo no sé para que va a terminar usando sed. Si para escucharnos o para golpearnos. Pero eso, eso de no saber lo que va a pasar, eso, eso no es el miedo, el miedo, el miedo es no animarse a abrir la silla en ningún lado, eso es el miedo. Gracias.

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