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Hoy Hablamos: Podcast diario para aprender español - Learn Spanish Daily Podcast

2186. Ruth Coker Burks

Hoy Hablamos: Podcast diario para aprender español - Learn Spanish Daily Podcast

Hoy Hablamos

Education, Language Learning, Courses

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🗓️ 16 December 2025

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Summary

Hoy hablamos de una auténtica heroína, que ayudó a muchas personas que lo estaban pasando realmente mal.

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Hoy hablamos episodio 2086, Ruth Coker-Barks. Bienvenido, hoy hablamos el podcast para aprender español cada día. Si te haces suscriptor Premium, por escuchar el cataló completo del podcast, con más de 2000 episodios, y acceder a los contenidos adicionales. Hasta suscriptor Premium en hoy, hablamos.com. ¿O la oyente? ¿Qué tal? El 1 de diciembre es el día mundial del SIDA. Una fecha que se eligió para concienciar sobre una enfermedad que empezó a detectarse a principios de los años 80. En el episodio de hoy, conoceremos a una mujer que, en los primeros momentos de la enfermedad, dejó los prejuicios a un lado, puso la humanidad por delante y ayudó a los enfermos de sida. Hoy hablamos de Ruth Cokerworks. A veces que desde nuestro tiempo presente somos incapaces de entender en toda su globalidad cosas que pasaron en el pasado. Punto alizo, si podemos comprender y entender los hechos, pero cuesta ponerse en la piel de los que lo vivieron. Y por eso, a veces, es de mucha ayuda leer libros sobre el tema o ver películas que nos lo cuenten. Hay una película del año 1993, llamada Filadelfia, que en su momento fue una auténtica revolución. ¿Por qué? Porque cuenta en la historia muy comovadora basada en hechos reales. La historia de Jeffrey Bowers, un abogado que fue despedido de su empresa después de que se supiera que tenía sida. A principios de los 90, el sida era una crisis sanitaria importante, y con esa película Hollywood diobos a la discriminación que sufrian los pacientes de Vih in los 90, principalmente los homosexuales. Porque detrás de toda esa discriminación había una profunda ignorancia, pero también una profunda homofobia. Para que te hagas una idea, Alcida se le llamaba Cancer Gay, y los enfermos eran repudiados y aislados por medio del contagio con solo mirarlos. Este fragmento de la película lo explica muy bien. Este caso no trata solo del Sida, ¿sabe? Así que hablemos de lo que trata realmente, del odio del público en general de nuestra repugnancia, nuestro temor a los homosexuales. Y de cómo ese clima de odio y temor desembocó en el despido de este homosexual en particular, mi cliente Andrew Beckett. Otra manera de conocer lo terrible en aquella situación es hablando de gente como nuestra protagonista de hoy. Ruth Coker-Borx, una mujer que dejó todos esos prejuicios a un lado y trabajó para ayudar a los enfermos de sida. Vamos a conocerla porque es un auténtico heroína, cuya historia merece la pena conocer, sobre todo en esta ambiente navideño, donde siempre es agradable escuchar historias de heroes y heroinas anónimos. Esta es una historia triste por las terribles historias de los pacientes decidas, pero al mismo tiempo muy bonita y comovedora, pueldran trabajo que hizo Ruth. La parte de la historia que nos interesa de Ruth Cokerbergs empieza en el año 1986. En ese momento ella tenía 26 años. Era gente inmobiliaria, tenía una hija y estaba divorciada. Para que conozcamos bien la labor de Ruth es importante que sepamos donde vivía, una ciudad del sur de Estados Unidos llamada Hot Springs en arcanzas. Esta era una ciudad muy conservadora. Asilo explicó ella. Es una ciudad muy conservadora, muy sureña, todos se fijan en todos y te harán saber si estás haciendo algo que consieren inapropiado. A todos nos pasa a menudo que hay cosas que pasan en el mundo y son importantes, pero las ignoramos, o no sabemos mucho sobre esos temas porque nos centramos en el mundo que tenemos más cercano, nuestro mundo. Si eso nos pasa ahora, imagínate en 1986 cuando no había redes sociales, ni internet y la información no iba tan rápido como ahora. Te cuento esto porque aunque por aquel entonces, la epidemia del Sida era un hecho, ella no sabía mucho del tema, no era algo que estuvieran su mundo, hasta que se dio de brúces con él. ¿Qué pasó? Toda esta historia comienza en un hospital. Resulta que Ruth tenía una amiga que era enfermera y que trabajaba en un hospital. Ella iba a visitarla con frecuencia y por eso hizo amiga del resto de las enfermeras. Ruth se solía pasar por el hospital a visitar a las enfermeras, les llevaba galletas y charlaban. Y uno de esos días que parecía igual al resto todo cambió. De repente, Ruth se fijó en la puerta de una habitación donde había una bolsa roja que parecía de riesgo biológico. Pero lo que le llamó la atención de verdad es que en la puerta había bandejas de comida sin tocar, apiladas unas sobre otras. Estaba claro que nadie había entrado a darle comida al pacienteiente que estaba dentro. Atención, a lo que cuenta ella sobre la actitud de las enfermeras, con respecto al paciente que estaba dentro de esa habitación. Fue absolutamente increíble. Las enfermeras que yo había llegado a creer tanto estaban sorteando quien entraría y chequearía un paciente. reían. Luego se iban a sus otros asuntos, como si nunca hubieran decidido quién lo haría o como si no hubiera un paciente ahí. Y mientras Ruth estaba observando la habitación de ese paciente, donde estaban las bandejas de comida, escuchó la persona de esa habitación pedir ayuda. Y ella, sin pensarse lo dos veces, entró en la habitación. Y así fue como conoció a Jimmy, un chico joven, que estaba ya muy frágil y muy cerca de la muerte. Al chico se le veía sufrir, y cuando ella se acercó, le dijo que quería hablar con su madre. Ruth le dijo que quería llamarla, pero no fue tarea sencilla. Primero, las enfermeras le dijeron que ni la madre ni nadie iría visitarlo, que el chico llevaba seis semanas ahí, nadie lo había visitado y que era porque tenía el cáncer gay. Ruth insistió y consiguió el número de la madre del chico, y la llamó. Por desgracia, las enfermeras tenían razón. La madre no quería ir a verlo. La madre le dijo a Rousse. Mi hijo murió hace años cuando se volvió Gaey. Después de esa llamada, Rousse volvió a la habitación del chico. Le cogió la y se la acarició. Él creyó que era su madre, y ella lo lavó, le cantó Nanas y estuvo a su lado. Tres horas más tarde murió. Jimmy murió sin que ningún familiar ni personal sanitario se preocupara por él. Ruth decidió hacerse cargo de sus cenizas, porque ni siquiera pareció alguien para enterrarlo o realizar el funeral. Ruth llevó las cenizas al cementerio, pero los responsables no le permitieron enterrar las cenizas allí. ¿Por qué? Por él, sí. Lo más terrible de todo es que no era una excepción. Era algo muy común en aquella época que las personas que morían decidas no pudieran ser enterradas en cementerios normales. Y aquí es donde la historia tiene algo que parece cosa del destino, por un tema familiar que no tiene nada que ver con esta historia, Ruth había redado una parcela privada bastante grande del cementerio. Y allí puedo enterrar a Jimmy junto a su padre. Como era su parcela privada, nadie podía prohibirselo. Esto podría haber sido un hecho aislado que la dejará marcar de por vida, pero no fue así, fue algo más. A los pocos días recibió una llamada de una monja que la dejó sorprendida, pero que sería el inicio de su incomiable labor. Tal y como cuenta Ruth, había una monja que dirigía un hospital y dijo que tenía a uno de mis pacientes para mi hospital. Y yo dije, perdón, creo que estás hablando con la persona equivocada. Ella dijo, no, eres tú y te necesito ahora! Y bueno, fui al hospital y tenían a un hombre en una habitación de aislamiento. En este caso, no era un paciente terminal, así que Ruth decidió hacerse cargo de él y proporcionarle todo lo que necesitaba, comida, alojamiento, cariño y acompañamiento. Y aquí hay algo todavía más impresionante, y es que Ruth no era médica ni enfermera, no tenía ninguna formación sanitaria. Todo lo que sabía sobre cómo cuidar a un enfermo lo fue aprendiendo sobre la marcha, por pura necesidad. Aprendió, a poner inyecciones, a cambiar zondas, a curar heridas, a dar medicación, aprendió todo porque no había nadie más que lo hiciera. Fíjate la dureza de todo esto, oyente. En esos primeros años del Sida, contagierte, era una muerte segura, y además mucha gente no sabía muy bien cómo se propagaba el virus, por eso nadie quería acercarse a los enfermos. Por ese motivo los hombres que llegaban a Ruth no tenían a nadie que los ayudase y además generalmente morían a las pocas semanas. Muchos de estos hombres además le pedían algo todavía más duro, que no visara sus familias. Algunos tenían tanto

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miedo al rechazo, tanta vergüenza, o tanto dolor acumulado, que preferían morir sin que nadie de su familia lo supiera. En esos casos, Ruth era literalmente la única persona que los acompañaba en sus últimos momentos. ¿Cuál era la función de Ruth? No resumen ya perfectamente.

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Les proporcioné comida.

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Les proporcioné comida. Les proporcioné todo lo que pude para que vivieran la mejor vida posible hasta que murieran. Les di amor, les di compañía. Les di esperanza y la esperanza era todo lo que estos hombres necesitaban, no falsas ilusiones. Las llamadas se fueron multiplicando, y cada vez eran más los hombres que acudían a ella en búsqueda ayuda. Y todo esto, además, Ruth lo hacía sin recibir ningún tipo de salario ni ayuda económica. Nunca cobró por cuidar a nadie. Usaba su propio dinero para comprar comida, medicinas, ropa, todo lo que hiciera falta. En algunos momentos incluso vendió cosas suyas para poder seguir ayudando. No había una organización ni ONG detrás, sólo estaba ella. Muchos de los casos fueron de jóvenes que vivían en ciudades más liberales como Nueva York y cuando enfermaban volvían a su ciudad natal, a esta ciudad sureña conservadora, para buscar ayuda en sus casas, volvían con la esperanza de que sus padres los cuidaran, pero estos lo rechazaban. A estos enfermos de sida se trataba como apestados de la sociedad, eran rechazados por todo el mundo. Los trabajadores de los hospitales lo rechazaban, y también en las iglesias. Incluso en muchos casos, como hemos comentado, tenían el rechazo de sus propias familias. Cuenta Ruth que ella buscó apoyo en la iglesia, como Cristiana y se lo negaron. Para muchos hombres, Ruth era la única esperanza para no morir solos. De hecho, a muchos de estos pacientes, Ruth los alojó en su casa. Ella misma contó que llegó a tener varias camas en su casa ocupadas al mismo tiempo, cuidando a diferentes enfermos. En muchos casos, cuando los hombres que Ruth cuidaba morían,ían, nadie de sus familias reclamaba a los cuerpos. Y entonces, era ya quien se encargaba también de esa última parte. Organizar el entierro, conseguir un ataúd sencillo, pagar los gastos cuando hacía falta, y asegurarse de que no terminaran en una fosa común. A varios de ellos, incluso los enterró en esa parcela donde estaba su propio padre y el primer chico al que atendió, Jimmy, por que era el único lugar donde podía darles una expedida digna. Pero claro, vamos a pararnos un segundo para ver cómo vivió toda aquella situación Ruth dentro de una comunidad tan conservadora y en medio de un momento histórico donde el SIDA y los homosexuales eran el peor enemigo que había para algunas personas. Dice ella que al principio fue complicado y ella misma sufrió el rechazo de la comunidad, sufrió el rechazo ella y también su hija. Atento, oyente, a cuenta Ruth que le pasó a su hija. Fue duro, sólo la invitaron a una fiesta de cumpleaños. Todas su etapa escolar fue horrenda. Les decían a los otros niños que no jugaran con ella porque contraerían el cidad. Fue simplemente horrible. Poco a poco fue mejorando la situación, pero el desgaste emocional fue importante.

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¿Por qué? sido, fue simplemente horrible. Poco a poco fue mejorando la situación, pero el desgaste emocional fue importante, porque claro, por un lado está el rechazo a ella y a su hija, el tener a toda la comunidad se encontra, y además, hace una tarea de buscar ayuda en la que parece que nadie quiere ayudar, y por otro lado el desgaste emocional de estar cinco años cuidando a pacientes terminales y viendo morir a tanta gente. Según cuenta ella, hubo momentos en los que iba a dos funerales a la semana. Con los años, Ruth llegó a cuidar a más de mil personas en fermas de cidad. Más de mil hombres pasaron por su casa, por sus manos y por su acompañamiento. Algunos murieron y otros sobrevivieron cuando los tratamientos empezaron a funcionar, pero todos encontraron ella algo que no encontraban en ningún otro sitio. Compañía, dignidad y cariño. Por suerte, en los años 90, el tratamiento mejoró. La gente concida podía vivir con él y la gente empezó a superar poco a poco los prejuicios con esta enfermedad. Por lo tanto, el trabajo de Ruth dejó de ser necesario. Como ya dice, hizo que mi trabajo quedara funcionalmente obsoleto, lo cual fue genial. Ahora la gente vivía con el VH en lugar de morir, y eso los esperamos tantos años, después de eso Ruth se muda florida y a día de hoy tiene 66 años. El reconocimiento a su labor llegó varias décadas después y la han apodado el ángel del Sida. La verdad es que la labor de Ruth es de inadamilación. Hasta que el episodio de hoy, ya sabes si te gustas de postcast y el trabajo diario que risamos, tu cloración sería de gran ayuda. Para colorar con este postcast, puedes hacerte suscriptor premium. Los suscriptores premium pueden escuchar el cataló completo del podcast, con todos los

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Muchas gracias por escucharnos.

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Nos vemos en el episodio de mañana.

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Pasamos en día.

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Hasta mañana.

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