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¿Podemos comprar la felicidad? | Edgar Cabanas

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Society & Culture, Education, Technology

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🗓️ 13 October 2022

⏱️ 16 minutes

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Summary

¿Podemos comprar la felicidad? Bienvenidos al podcast de TED en Español. En su charla en TEDxMadrid, el psicólogo Edgar Cabanas nos muestra cómo la felicidad se transformó en una mercancía que muchos nos intentan vender y nos cuenta qué podemos hacer al respecto.

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¿Qué es la verdad? ¿Qué es la verdad? ¿Qué es la verdad? ¿Qué es la verdad? ¿Qué es la verdad? ¿Qué es la verdad? ¿Qué es la verdad? ¿Qué es la verdad? ¿Qué es la verdad? ¿Qué es la verdad con esto de que tenemos que ser felices. Para lo cual, ya nos ofrecen recetas de todo tipo y para todos los gustos. Mindfulness, coaching, psicoterapia positiva, literatura de autayuda, fármacos del bienestar, aplicaciones de la felicidad para teléfonos móviles, incluso frases de optimismo empresas en camisetas y en las tasas del café. De hecho, no es casual que las empresas estén tan interesadas en la felicidad e inviertan en ella más de 45 mil millones de euros al año a nivel global. Eso sí, quizás, invirtiendo más en la suya propia que en la de sus trabajadores. Pues si bien hay empresas que se preocupan de buena fe por el bienestar de sus empleados, sería algo ingenuo por nuestra parte pensar que lo que hace felices a los trabajadores es exactamente lo mismo que lo que hace felices a las empresas. Pues a pesar de la enorme inversión que hacen las empresas en este sentido, las últimas encuestas revelan que más del 70% de los trabajadores estamos estresados y estamos quinsatisfechos con nuestros trabajos y con nuestras condiciones laborales. También hay razones para dudar porque el mensaje de que quien no es feliz es porque no quiere esconde al menos un lado perverso. Y es que si la felicidad es una elección personal, entonces el sufrimiento también lo es. Y por tanto, quien sufre eso bien porque quiere o peor incluso, porque se lo merece, ya que no estaría haciendo todo lo que se supone que está en su mano para evitarlo. ¿Quiénes no hemos escuchado alguna vez esto de que la depresión, la ansiedad o incluso la enfermedad? Nos la provocamos nosotros mismos con nuestros pensamientos negativos o con nuestro pesí mismo. Es un mensaje perverso, como digo, porque una vez entramos en su lógica, en realidad no nos queda mucho margen para la elección, sino que estamos obligados a ser felices, o al menos a aparentarlo, aunque solo sea en defensa propia, porque como cada vez más estudios señalan al respecto, hoy en día el declararse infeliz o no lo suficientemente feliz, tiendes a experimentarse a entenderse cada vez más como un fracaso propio, como un signo de debilidad personal o como el resultado de una vida emocional malcesionada por nuestra parte. Y por supuesto también hay razones para dudar de este discurso de la felicidad porque de tres de todas estas promesas lo que hay en realidad es más ideología que ciencia y mucho más negocio que simplemente buenas intenciones. Un negocio inmenso además, pues hoy en día la felicidad no solo se vende literalmente, sino que se venden muy bien, tal y como muestran las cifras astronómicas que maneja esta industria, y donde tan solo la venta de libros prácticos sobre la felicidad genera más de 120 millones de euros al año en España y más de 15 mil millones alrededor del mundo. Y de este negocio, y más concretamente de la felicidad como producto, quería hablaros un poco más en profundidad hoy aquí. Decía Sigmund Bauman con ironía, que en el mundo actual todas las ideas de la felicidad terminan en una tienda. Lo cual es cierto, pero creo que la cuestión principal es que

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en vez de entrar, la felicidad parece más bien salir de las tiendas. Es decir, que parece estar ya pensada, ya diseñada desde un inicio, para circular y para ser consumida como una mercancía. Porque si hay algo fuera de todo cuestionamiento es que la felicidad ha demostrado ser un producto redondo y enormemente rentable. Es muy barato de producir, es muy sencillo de suministrar y genera enormes beneficios económicos para todo aquel que la ofrece. Y es que al final va a resultar que no eran las claves de la felicidad lo que habían descubierto, si no las claves vendernosla. Y con esa sí, que parecen haber dado en el clavo, además. ¿Y cuál sería en estas claves? Habría varias, pero me gustaría señalar al menos cinco de las que considero que son las más importantes y que están relacionadas entre sí. La primera de estas claves es insistir en que esto de la felicidad está basado en la evidencia y que los productos que nos ofrecen están científicamente probados. También es importante que todos estos productos vengan a directados con una buena dosis de términos propios de la neurociencia y cuantos más mejor. Y digo aderezados porque la mayoría de los casos se uso de estos términos en relación con la felicidad se hace de forma muy poco rigurosa, muy poco precisa aunque nos impresionen, que es precisamente el efecto que pretenden conseguir con ellos, no tanto el de informar o el de explicar sino el de funcionar como un argumento de autoridad. El problema es que la ciencia que hay detrás de la felicidad ha demostrado ser una ciencia bastante débil. Por lo que no está nada claro que el recurso la ciencia en estos productos vaya más allá de ser una mera estrategia de marketing. La segunda clave es insistir en que la felicidad es algo que necesita ejercitarse y de continuo, además. Quizás la metáfora más recurrente al respecto y que seguramente muchos habríamos habido es que la felicidad es un músculo. Y no un músculo cualquiera, sino un músculo emocional que necesita ejercitarse de forma constante. Ya sea porque el músculo es débil y necesita entrenamiento, porque sea fuerte y requiera mantenimiento. La cuestión es que para ser felices debemos asumir este ejercicio emocional como una rutina o como un hábito. La industria de la felicidad se ofrecería aquí como una suerte de gimnasio emocional, que pondría nuestra disposición toda clase de entrenadores cualificados, de herramientas, de ejercicios y hasta de suplementos necesarios para que trabajemos de continuo el músculo de nuestra felicidad, cultivando cuestiones como nuestro optimismo, nuestro pensamiento positivo, o nuestras propias fortalezas psicológicas como las denominan. Siguiendo que la metáfora se genera aquí un curioso y problemático perfil que en alguna ocasiones he denominado el vigoréxico emocional, que son estas personas por un lado obsesionadas con el tamaño de su yo, de su autoestima, con su crecimiento personal, con su florecimiento. Y por el otro lado, con una visión distorsionada sobre sí mismas, donde nunca se ven a sí mismos como lo suficientemente fuertes o musculadas en términos emocionales, hagan lo que hagan y se ejerciten lo que se ejerciten. Relacionado con esto, una tercera clave es dejar entre ver que la felicidad de salvo insaciable. Un camino siempre por recorrer hacia una meta que no llegamos nunca alcanzar. Porque según los expertos no importa los satisfechos que ya estemos que siempre podemos ser más felices. La felicidad nos recuerdan con frecuencia, no es la ausencia de malestar, sino la continuo presencia de bienestar. Así que ante la pregunta de y cuando somos lo suficientemente felices, la respuesta es nunca. Esto genera una paradaja importante interesante y es que según la cual, la industria de la felicidad nos promete completa satisfacción y realización personal. Y sin embargo, lo que hace es producir, inutrirse de un relato que nos dice que esta satisfacción y realización personal sólo pueden ser parciales o en completas en el mejor de los casos. Pues siempre hay algo que hacer o algo que mejorar de cara a la felicidad. Siempre hay un pensamiento negativo que eliminar, un hábito más positivo que adoptar, una fortaleza que desarrollar, una capacidad que optimizar, o un yo más auténtico que descubrir. Lo cual es perfecto para una industria que se nutre de vincular esta perpetua búsqueda de la felicidad, esta insafiabilidad constante con el consumo perpetuo. Y se genera aquí otro curioso y problemático perfil que algunos han denominado el buscador de la felicidad y que yo prefere o llamar el JAPICON DRÍACO. Que son estas personas que llaman a terapia, no porque estén objetivamente mal, sino porque querrían estar mejor de lo que ya están. Digamos que se sienten insatisfechas y hasta cierto punto vacías, por no sentirse o por no ser todos los felices que creen que podrían llegar a ser. Una cuarta clave es insistir en que la felicidad es algo no ya que se aprende sino que se enseña. Si bien resulta paradójico que pueda enseñarse algo que no se sabe muy bien que es y que carece de una definición consensuada al respecto, es sin embargo lógico desde el punto de vista del producto. Pues de no aprenderse, difícilmente podría adincuarse la felicidad a la necesidad de la ejercición emocional constante y de no enseñarse, difícilmente podría justificarse tanto el papel del experto en bienestar como la existencia del producto mismo. Pues nadie compramos estos productos por medio entretenimiento, sino precisamente para que nos enseñen cuáles son las guías, las recetas, los pasos, las claves para ser más felices. Llama sin embargo la atención que una meta tan supuestamente elevada y compleja como es la la felicidad, pueda, en realidad, conseguirse a través de medios tan simples, como los que acostumbran a ofrecernos, que si haciendo los cuantos ejercicios de gratitud, que si meditando dos veces al día, que si escribiendo unas cuantas frases positivas en un papel, o que si leyendo este libro o acudiendo hasta echarla que te cambia la vida. Pero claro, en su simplidad, reside la quinta de estas claves. Y es que los productos de la felicidad tienen este atractivo de ofrecernos soluciones simples e individuales a problemas que son más bien complejos y estructurales. El mensaje de que el secreto para lidiar con nuestros

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problemas sea ya en nuestra interior es sin duda tentador por la sensación de control y de empoderamiento que podría generarnos. Sin embargo, esto tiende a desdibujar el hecho de que gran parte de los problemas que estos productos prometen resolver pongamos por por caso la ansiedad, la depresión o el estrés.

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No son única o principalmente problemas de naturaleza psicológica, sino que son más bien problemas de tipo estructural relacionados con cuestiones como la desigualdad, la incertidumbre económica, la inestabilidad laboral. Acordo plazo, sin duda, algunos podríamos encontrar útil en la cudira un curso de Mindfulness, el contratar a un coach o en leer un libro de autoayuda para lidiar con la ansiedad que padecemos en el trabajo. Pero medio largo plazo, no vamos a resolver con ello un problema, cuyo origen y mantenimiento se explica frecuentemente mejor por cuestiones de precariedad, descompetitividad o desobrecar galaboral que por cuestiones de una mala gestión emocional. En este sentido los productos de la felicidad pecan de generarnos la ilusión en ambos sentidos de la palabra, de que es muy fácil cambiarnos a nosotros mismos para mejor, de que es simplemente una cuestión de actitud y de fuerza de voluntad. Pero por desgracia esto no está en sencillo y creernoslo puede generarnos mucha frustración, además de sentido de culpabilidad, pues al fin y al cabo puede que ni sea tan fácil fácil cambiarnos a nosotros mismos ni que podamos resolver ciertos problemas como los que he mencionado sin que cambien las circunstancias que de hecho los originan o que los mantienen. Pero si hay una clave principal de todo este negocio, esta puede resumirse ni más ni, que al enorme éxito que ha tenido toda esta industria en que normalicemos la obsesión con la felicidad. Porque aquí la cuestión no es que seamos o que no seamos felices, tanto como que estemos constantemente preocupados por si los somos o por si no los somos. Que estemos constantemente ocupados en perseguir esa felicidad prometida, bajo el convencimiento además de que existen y de que alguien tiene las claves científicas para más inri para encontrarlas, lo cual como insinuaba anteriormente no parece ser el caso. Quisieran fatizar diciendo que esta charla no es un alegato en contra de la alegría, de las sonrisas, de la esperanza o a favor de la tristeza. Tampoco es un alegato en contra de toda forma de felicidad posible. Es más bien una invitación a cuestionar esta forma de felicidad tan individualista, piránica y,, sobre todo, consumista, que industria, que empresas

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y que, además, científicos y expertos en bienestar promueven

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y de la que quizás sean ellos los más beneficiados.

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Es una invitación a poner en duda esta felicidad

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con la que hoy en día parecemos estar obsesionados

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y yo diría que no para bien.

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Así que para terminar me gustará y como viene siendo habitual en este tipo de charlas y escenarios,

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me gustaría finalizar la mía con un mensaje positivo.

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Y es que como de las obsesiones, como de las adiciones, como de las desilusiones o como de los desengaños. La buena noticia es que de la felicidad también se sale. Si te gustan de en español la mejor manera de apoyarnos es compartiendo el podcast con tus amigos.

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Puedes encontrar todos los episodios entre denespanoel.com o donde escuches tus podcasts.

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Soy Charri Garbulski y te espero en el próximo episodio.

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