Nos echaron a la Santa Muerte (y otras historias de maleficios)
Relatos de la Noche
Sonoro
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🗓️ 17 March 2026
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Summary
En este episodio de Relatos de la Noche, exploramos historias reales de terror relacionadas con la Santa Muerte, la brujería y los maleficios.
Un joven que se muda a una vieja casa en la colonia Santa María la Ribera comienza a experimentar sucesos extraños después de descubrir un altar de la Santa Muerte en el cuarto de sus vecinas. Lo que parecía una simple incomodidad pronto se convierte en algo mucho más inquietante: cabello sucio apareciendo en su cama, una manzana llena de alfileres en la cocina y una presencia que lo observa cada noche mientras duerme.
A lo largo del episodio, conoceremos otros relatos donde la brujería, las amenazas y los rituales parecen cruzar la línea de lo cotidiano, dejando una pregunta difícil de ignorar: ¿qué tan reales pueden llegar a ser estos trabajos?
Historias de terror basadas en experiencias personales, contadas de forma directa y sin exageraciones, como si te las estuviera contando alguien cercano.
Apaga la luz… y déjate llevar.
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Transcript
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| 0:00.0 | EmpecĂ© a encontrar cosas extrañas en la casa, pero lo más fuerte fue cuando el despertar habĂa una bola de cabello entre mis hábanas. Cabello largo, sucio, como si tuviera algo de lodo. No haya forma de que fuera mĂo. no No tenĂa idea de dĂłnde podĂa haber venido. Gracias por dejarnos entrar a sus dispositivos nuevamente, esperamos hacerle olvidarse de todos los problemas, de todas las noticias malas en el mundo por un ratito que se olvide la ansiedad, la tristeza, y que nos concentremos en vivir las siguientes historias, en ser testigos en primera fila, como si vieramos los relatos de desarrollarse justo frente a nosotros. Hoy vamos a hablar de la Santa muerte de BrujerĂa, de esos maleficios tambiĂ©n en los que mucha mucha gente cree y de los que es difĂcil defenderse por supuesto lo vamos a hacer con todo respeto porque aquĂ en relatos respetamos mucho a la gente que tiene fe en la sante muerte recuerden que esto es visto desde el punto de vista de alguien que digamos que tuvo un encuentro con personas que |
| 1:28.3 | pueden utilizar creencias para bien o para mal. |
| 1:32.4 | Esperamos eso si que las siguientes historias nos enseñen algo, que nos dijeron una lección |
| 1:38.6 | listos, listas, es hora de comenzar, Ya estás escuchando relatos de la noche. Buenas noches comunidades. Esto que voy a contar me pasĂł hace algunos años, cuando me fui a vivir solo por primera vez. Yo tenĂa 24 y conseguĂ un cuarto de una casa vieja en la colonia Santa MarĂa de la Rivera en la Ciudad de MĂ©xico. Era una de esas casas grandes de las que antes eran de una sola familia, y que luego fueron dividiendo para rentarse por cuartos. La verdad es que el lugar estaba bien para lo que yo podĂa pagar. TenĂa un patio central, un pasillo largo con varias puertas, y una cocina que compartĂamos todos los que vivĂamos ahĂ. No era un hogar elegante ni nada asĂ, ya se imaginarán, pero estaba relativamente cerca del metro San Cosme, del Kiosco, y la colonia siempre me habĂa gustado. En la casa vivĂamos unas seis personas, cada quien en su cuarto, cada quien en lo suyo siempre. Nos eludábamos cuando coincidĂamos en la cocina o en el patio, pero hasta ahĂ. Nadie se metĂa en la vida de los demás. VivĂamos muy en paz. HabĂa 12 sinas, eso sĂ, que siempre me llamaron la atenciĂłn. Era una señora como yo no se tente años y su mamá, que ella estaba muy grande. Yo nunca supe exactamente cuando sueños tenĂa la mamá pero, casi no salĂa a su cuarto. A veces Ă©l habĂa sentado una silla cerca de la puerta, como tomando aire. ParecĂa que ya no podĂa hablar, al menos yo nunca le escuchĂ©. Su hija era muy seria, no era dosera pero tampoco hablaba mucho con nadie. Y un dĂa por pura casualidad, habĂa algo que me dejĂł pensando mucho. Yo iba caminando por el pasillo y su puerta estaba media fierta, les curo que no estaba espiando y nada, simplemente el pasar volteĂ© por reflejo y vi dentro de su cuarto un altar enorme de la santa muerte, pero enorme tenĂa varias figuras, algunas negras, otras blancas, veladores, flores, un par de cadenas que no entiendo que es en ahĂ, cigarlos y botellas. Era uno de sus altares que ocupan casi todo en la pared, una figura de tamaño casi como yo. Me sorprendiĂł sobre todo porque el altar ocupaba gran parte del cuarto cuarto que ya compartĂan ellas dos. |
| 7:27.0 | Yo la verdad nunca he sido muy creyente de esas cosas, pero sĂ me dio una impresiĂłn rara a verlo asĂ, tan de cerca. SĂ me sacĂł de onda. La señora se dio cuenta de que estaba mirando. Se levantĂł de su silla y se rola puertas sin decirme nada. Claro, pensĂ© que se habĂa molestado, pero no me imaginĂ© que tanto. La señora le dijo al administrador que yo me asomaba a su casa. AsĂ asomaba. Como se habla de varias veces. Que andaba de metĂ, chicos, gon. La administradora ablo conmigo y me dijo que tenĂa que respetar más los espacios a los demás o iba a tener que pedirme que me fuera. Me esculpe con ella pero le dije que no era asĂ, que estaba exagerando y en cuanto me encontrĂ© a la señora en el pasillo a la vecina, le dije que al parecer la chismuza era otra. Pero tampoco dije nada más, no me iba a pelear con una señora mayor. A partir de ahĂ como que empezĂł a ver cierta atenciĂłn, no porque yo le dijera algo sino porque ella me veĂa con cara muy inocada cada vez que coincidĂamos en el pasillo. El opeor, el verdadero problema empezĂł hace menos despuĂ©s. Una mañana me levantĂ© para ir a trabajar y al acer mi cama no te algorraron entre las avanas. HabĂa una pequeña bola de cabellos. Mujer a cualquier cabello, era pelo largo, oscuro como he redado y estaba estaba sucio, como se hubiera estado en la tierra. Incluso tenĂa pedacito ese algo que parecĂa lo doceco. No habĂa forma de que subiera llegado ahĂ, y yo siempre me rapo asĂ que definitivamente el pelo no era mĂo. Lo primero que pensĂ© fue que alguien habĂa varrido el pasillo y el aire lo habĂa metido por la ventana de alguna forma, pero mi ventana daba el patio, no al pasillo. Lo tiraba la basura y no les dim muchas vueltas porque no querĂa clavarme con eso, si lo hacĂan mi mente irse a lo peor. hasta que volviĂł a pasar, unos dĂas despuĂ©s encontrĂ© otra bola de cabello sobre mi cama, igual del argo, igual de sucio. AhĂ me empezĂł a dar muy, muy mal espina. No sabĂa que pensar, pero mi cabeza empezĂł a aparecer re-emagianca habĂa visto. DespuĂ©s fino a lo de la manzana, la maldita manzana. Una madrugada me despertĂ© con una sed terrible, de esas veces que sientes la boca completamente seca. Me levantĂ© medio dormido y fui a la cocina por agua Cuando prendĂ la luz y algo en la mesa, era una manzana, |
| 7:30.0 | una de las manzanas que yo tenĂa mi frutero, |
| 7:33.0 | porque me he llevado uno para colocar mis frutas aparte. |
| 7:37.0 | La manzana estaba sobre la mesa. |
| 7:40.0 | TenĂa varios alfileres clavados, |
| 7:44.0 | muchos, asĂ atravesándola por distintos lados. Me quedĂ© viendo es un rato tratando de entender quĂ© hacĂa ahĂ, a veces horas no habĂa nadie despierto, toda la casa está en silencio. Noto que la manzana, sĂłlo que reago y me regresa a mi cuarto. Y esa misma semana empezaron los sueños. Soñaba casi todas las noches con una figura muy alta, encapuchada. No se le veĂa la cara, solo la silueta. Siempre estaba parada junto a mi cama, no más viĂ©ndome. No es ni nada, solo estaba ahĂ. Lo más raro es que los sueños eran tan vĂvidos que siempre me hacĂan despertar. Despertaba y abrĂa los ojos viendo la misma escena que acababa de ver a mi sueño, convencido de que alguien estaba en el cuarto. Hubo una mañana en que de verdad me levantĂ© y revise |
| 8:45.6 | debajo de la camina detrás de la puerta. AhĂ fue cuando decidĂ comentarlo con un vecino de la casa de alado. Un señor que siempre estaba sentado afuera, viendo pasar a la gente. De hecho Ă©l habĂa sido aquĂ en la preguntĂ©sse por ahĂ rentaban habitaciones y quien me señalĂł la casa de lado. |
| 9:05.7 | Como siempre lo saludaba, tuve la confianza de acercarme, de contarle medio en broma lo de la manzana, el cabello. Cuando terminĂ© me dijo que tuviera cuidado, que la señora se allĂ ya le ven echado a varios a la Santa Muerte. yo me quedĂ© callado, Le preguntĂ© quĂ© querĂa decir con eso, pero el señor solo se encogiĂł de hombros y saludo una señora que llegĂł con Ă©l. Dejo de hablarme y supe que tenĂa que irme, que no habĂa nada más que me fuera nada de decir. Esa misma tarde cuando via la señor en el pasillo y sĂ© algo que hasta hoy no |
| 9:47.0 | sĂ© si fue buena idea o no. Me acerquĂ© y le ofrecis disculpas. Le dije que si en algĂşn momento le habĂa hecho sentir incĂłmodo por haber visto su altar no habĂa sido mi intenciĂłn. la señora me mirĂł un momento largo. Luego solo dijo, está bien. |
| 10:06.5 | Nada más, solo está bien pero algo cambiĂł. DespuĂ©s de eso no hubo ni encontrar cabello en mi cama, nunca volviĂł a aparecer nada extraño en la cocina, y casualmente tambiĂ©n los sueños desaparecieron. y vienes esa casa todavĂa un año más. Durante todo ese tiempo, trate de llevarme en paz con esas vecinas. Siempre de saludarlas. Nunca he servido cerca de su cuarto. Nunca más me termen problemas. Con el tiempo tambiĂ©n note algo curioso. Los demás vecinos parecian hacer exactamente lo mismo, como si todo supieran algo. Algo de lo que yo me enterĂa hasta que era demasiado tarde, hasta meterme con ellas, hasta sufrirlo. elegĂ la siguiente historia para seguirla que acaban de escuchar, porque me parece que manejan temas muy muy similares, la venganza, los maleficios, a alguien utilizando fuerzas sobrenaturales para satisacer su coraje, pero tambiĂ©n hay diferencias |
| 11:27.6 | muy importantes que ya no tardan a ustedes. Las comparto porque tambiĂ©n me gustarĂa |
| 11:32.6 | que no se asusten cuando alguien los amenace de esta forma, que sepan que siempre se puede |
| 11:38.7 | salir, que siempre se puede resolver. Creaeme. Vamos a escuchar. Buenas noches comunidad. Espero que estĂ©n bien. Les mando un efectoso abrazo y si esa historia llegan a arrarse. Esto que voy a contar pasĂł con Davry una refaccionaria. Yo siempre habĂa trabajado en ese giro, pero como empleado. AsĂ que un buen dĂa juntĂ© dinero, pedĂ otro prestado a mi hermano, uno más al banco y me animĂ© a abrir un local muy pequeño, pero en una colonia que ya conoce a bien. No son de bonita para nada, pero si eran muy de la movida. Muchos taller mecánico, muchas motos, taxis, conbis, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, mostrador y poco a poco los mecánicos de la zona nos empezaron a ubicar. Yo habrĂa temprano y se raba muy tarde, como se le pasar cuando no empieza. |
| 13:06.0 | Lo malo llegĂł con un vecino. |
| 13:09.0 | Un señor ya mayor que tenĂa un taller, dos locales más adelante, |
| 13:11.0 | y que siempre dejaba su coche estacionado |
| 13:13.0 | justo en frente de mi refaccionaria. |
| 13:16.0 | No era cliente ni nada, |
... |
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