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El fracaso consciente | Leticia Gasca

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Society & Culture, Technology, Education

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🗓️ 6 September 2018

⏱️ 15 minutes

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Summary

A pesar de que todos tenemos fracasos en nuestras vidas, la mayoría no sabemos cómo aprovecharlos. Leticia Gasca sabe mucho sobre el fracaso. Lo estudia en un instituto que creó para analizar el impacto social de esos momentos que tanto tratamos de ocultar. Lo que Leticia encontró en su trabajo, es que en lugar de esconder, deberíamos compartir esas historias y así aprender del fracaso. Leticia nos cuenta más en su charla en TED en Español. Para más ideas de TED en Español, te esperamos en http://TEDenEspanol.com/

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Transcript

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Queridos amigos de Teden Español, ahora que terminamos la primera temporada en nuestro podcast,

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queremos volver a compartir con ustedes algunos de los episodios que más nos gustaron.

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Les cuento que estamos preparando la segunda temporada que comenzará en febrero de 2019.

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Recuerden que si quieren suscribirse al boletín semanal de ideas en nuestro idioma,

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si quieren ver las charlas de Teden Español o si quieren seguirnos en las redes sociales,

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pueden asarlo en TNSPANOL.com A pesar de que todos tenemos fracasos en nuestras vidas, la mayoría no sabemos cómo aprovecharlos. Bienvenidos al podcast de TDNSPANIOL, soy Charles Rigaar Bulski. Leticia Gascas sabe mucho sobre el fracaso.

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Lo estudian un instituto que creó para analizar el impacto social de esos momentos que tanto

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tratamos de ocultar.

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Lo que Leticia encontró en su trabajo es que en lugar de esconder, deberíamos compartir

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esas historias y así aprender del fracaso.

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Leticia nos cuenta más en su charlente de en español. Si viajamos al pasado al año 800 antes de Cristo, veremos que los griegos, por ley, obligaban a los comerciantes que fracasaban a sentarse en el mercado con una canasta sobre la cabeza para que todos tuvieran clara la situación de su negocio. En la Italia-Premoderna, los dueños de negocios que fracasaban y tenían deudas pendientes eran llevados totalmente desnudos a la plaza pública donde tenían que golpearse tracero contra una piedra mientras una multitud los abuchéaba.

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En el siglo XVII, en Francia, los empresarios cuyos negocios fracasaban, eran llevados al centro del mercado donde se anunciaba públicamente el comienzo de su banca rota.

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Y para no ser llevados a la cárcel de inmediato, tenían que usar una boina verde para que todos supieran que eran unos fracasados. Desde luego, estos son casos extremos, pero es importante remitirnos al pasado para recordar que cuando las leyes castigan excesivamente a los emprendedores que fracasan, esto desincentiva la creación de nuevas empresas y la innovación, que son los motores del crecimiento económico de cualquier país. Afortunadamente el tiempo ha pasado y ya no humillamos más públicamente a los emprendedores que fracazan, sin embargo, tampoco es común ver a los grandes empresarios o empresarias publicar en redes sociales los detalles de sus errores. De hecho, creo que todos los que estamos aquí nos podemos relacionar con el dolor que se siente que un proyecto fracase. Pero no por eso compartimos los detalles de esa experiencia con nuestros amigos y lo entiendo perfectamente, yo también he estado ahí. Les quiero contar que tuve un negocio que fracaso terriblemente fue una experiencia muy dolorosa y compartirlo para mí fue muy difícil. De hecho, para compartirlo se requirió siete años, una buena dosis de vulnerabilidad y la compañía de mis amigos. Y esta es mi historia de fracaso. Cuando estaba en la Universidad estudiando negocios, conocí un grupo de mujeres indígenas que vivían en una comunidad rural muy marginada en el estado de Puebla, un estado ubicado en el centro de México. Ella se elaboraban unas artesanías hechas a mano hermosísimas, así que cuando las conocía ellas y conocí su trabajo, decidí que quería hacer algo para ayudarlas. E hice todo, tal cual me enseñaron en la escuela de negocios de aquella época.

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Me asocié con mis amigos, conseguimos inversión, dedicamos mucho tiempo a construir el negocio y a capacitar a las artesanas, pero pronto nos dimos cuenta de que éramos novatos. La verdad es que las artesanías no se vendían o más bien nosotros no sabíamos cómo venderlas y además el plan financiero que habíamos hecho no era realista. Durante años trabajamos sin un sueldo esperando que un milagro sucediera y que mágicamente apareciera un comprador gigantesco que hiciera el negocio rentable y evitar

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que todo el proyecto muriera, pero al final el milagro no sucedió. Tuvimos que cerrar el negocio y eso me destrozó el corazón, porque yo empecé todo ese proyecto para generar un impacto positivo en la vida de las artesanas y sentí que en realidad había generado un impacto muy negativo en la vida de las artesanas. Me sentí tan culpable por lo que sucedió que durante años lo culté de mi currículum y de mis conversaciones. Tiempo después en 2012 salí con algunos amigos emprendedores y la conversación del fracaso también salió y me atreví a confesar la historia de mi negocio fracazado que había ocultado durante tantos años. Para mi sorpresa, mis amigos tenían historias parecidas y en ese momento algo se volvió muy claro en mi mente. Me juntaba con puros fracazados No, ya, más en serio. Ese día me di cuenta de que todos tenemos nuestros fracasos ocultos. Díganme si no es cierto. Esa noche me di cuenta que compartir tus fracasos en público te hace más fuerte, no más débil. Y en realidad para mí fue como un exorcismo, me quité un peso de encima, ya no tenía nada que ocultar. Esa noche también me di cuenta que estar abierta esta nueva área de mi vulnerabilidad me permitía conectar con los demás de una forma mucho más profunda, más auténtica. Y fue a raíz de esta experiencia de compartir historias de negocios que no funcionaron, que decidimos crear una plataforma de eventos para que más personas también pudieran compartir sus historias de negocios fracasados y la llamamos Focop Nights. Y tiempo después creamos el Failure Institute, el nombre es genial, el Failure Institute. Es un centro de investigación dedicado al estudio del fracaso y sus implicaciones en las personas, los negocios y la sociedad. Realmente ha sido sorprendente y gratificante descubrir que cuando un emprendedor se sube al escenario a contar la historia de su negocio fracasado no es motivo de humillación o de vergüenza como solía ser en el pasado. En realidad es la oportunidad de compartir aprendizajes y generar empatía. Y también hemos encontrado que cuando los integrantes de un mismo equipo se juntan para compartirse historias de fracazos, sucede algo mágico. La colaboración se vuelve más fácil y los vínculos se vuelven mucho más estrechos. De hecho, a lo largo de los eventos y de las investigaciones hemos encontrado cosas sorprendentes, que es entre mis favoritas está las diferencias que hay entre los hombres y las mujeres al momento de enfrentar el fracaso. El comportamiento más común entre los hombres es tras cerrar su negocio, fundar otro negocio antes de un año, pero en un sector diferente. Mientras que en las mujeres es más común buscar un empleo y postergar hasta el futuro la creación de un nuevo negocio. Nuestra hipótesis es que esto se debe a que las mujeres tandemos a sufrir más del síndrome del impostor, es decir, sentimos que nos hace falta algo para ser unas emprendedoras de verdad, aunque en muchas ocasiones yo he visto que tenemos todo lo necesario y lo único que hace falta es atrevernos a dar el paso. Y en el caso de los hombres es más como que sientan que tienen los conocimientos necesarios y lo que hace falta es aplicarlos en otro lugar donde haya mejor suerte. También hemos encontrado que hay diferencias regionales interesantes acerca de la forma en la que los emprendedores nos recuperamos tras el fracaso de nuestro negocio. Por ejemplo, en el continente europeo es mucho más común que los emprendedores decidan buscar un terapéuta para recuperarse emocionalmente, mientras que en el continente americano el comportamiento más común es buscar educación, buscar capacitación. Otro hallazgo que a mí realmente me ha cambiado la vida es encontrar el profundo impacto que tiene la política pública en la forma en la que los emprendedores deciden cerrar su negocio y recuperarse de esa experiencia. Por ejemplo, en mi país, en México, el marco normativo que regula el cierre de negocios es tan duro que cerrar un negocio con forma en marca la ley puede tomar demasiado tiempo y demasiado dinero. Empecemos por la parte del dinero. Si bien te vas, si tu negocio no está metido en grandes problemas, si no tiene temas con los proveedores deudas pendientes, cerrar un negocio te va a costar unos 2.000 dólares. Lo que en mi país es una suma importante de dinero. Alguien que ganan el salario mínimo a cifras de 2018 tendría que trabajar durante 15 meses para reunir esta cifra. Y en lo que respecta al tiempo, en promedio, cerrar un negocio toma dos años. Como sabemos, en México y en muchos otros lugares del mundo, la esperanza de vida promedio de un negocio es de dos años. Ahora, ¿qué sucede cuando la esperanza de vida de un negocio es tan parecida al tiempo que te va a tomar

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cerrarlo si es que este no funciona. Desde luego esto desincentiva la creación de nuevas empresas y promueve el economía informal. De hecho, la investigación económetrica ha demostrado que entre menor es el tiempo y el dinero que se necesita para crear un negocio, mayor es la creación de nuevas empresas.

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Por eso, en 2017 decidimos presentar una serie de recomendaciones de política pública para la ley que regula el cierre de negocios. Durante todo un año trabajamos con la asociación de emprendedores y con el Congreso mexicano. Y la buena noticia es que logramos cambiar la ley. La idea es que a partir de que la nueva legislación entre en vigor los emprendedores van a poder cerrar su negocio en un trámite en línea que va a ser mucho más accesible para todos y más breve. La verdad es que cuando miro al pasado y recuerdo aquella noche en la que mis amigos y yo nos confesamos nuestros fracazos hace ya seis años, me siento sorprendida porque en aquel momento nuestra intención era muy simple. Lo único que queríamos era poner el tema del fracaso sobre la mesa. Que más amigos vieran que este es un tema del cual hay que hablar. No es motivo de humillación como era en el pasado y tampoco es motivo de celebración como algunas personas dicen. De hecho quiero confesarles que cuando escucho a estudiantes o agentes de Silicon Valley, hactarse de fracazar rápido y a menudo como si cerrar un negocio fuera cualquier cosa. La verdad es que me preocupo mucho. ¡Gracias! Y me preocupo porque creo que detrás del mantra de fracazar rápido o fail fast, como dirían en Silicon Valley, hay un lado oscuro. Por un lado, cuando insistimos a los emprendedores que tienen que fracazar rápido como única opción, puede que estemos promoviendo la mediocridad, que los emprendedores no den su máximo esfuerzo y que se den por vencidos ante la menor dificultad. Y también, creo que cuando hablamos de fracazar rápido, estamos minimizando el impacto negativo que tiene el cierre de un negocio. Desde luego creo que fracazar rápido es una gran forma de acelerar el aprendizaje y evitar la pérdida de tiempo, pero no podemos negar las consecuencias negativas que hay detrás de la muerte de un negocio. Por ejemplo, cuando mi empresa social fracaso, la peor parte fue volver a la comunidad indígena y confesarla las artesanas que el proyecto había muerto y que era mi responsabilidad. Para muchos eso pudo haberse visto como una oportunidad de aprendizaje, la realidad es que la muerte de ese negocio representaba que las artesanas iban a dejar de percibir un ingreso que necesitaban desesperadamente.

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Por eso, hoy quiero proponerles una idea. Quiero proponerles que así como dejamos del lado la idea de humillar públicamente a los emprendedores que fracazan, dejemos del lado la idea de que fracazar rápido siempre es lo mejor. Y en su lugar quiero proponerles un nuevo mantra, fracazar conscientemente o fail mindfully.

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Vivir con atención plena todo el proceso que implica cerrar un negocio. Recordemos que las empresas no son nentes que aparecen y desaparecen mágicamente, las empresas se integran por personas. Y si un proyecto empresarial no funciona, seguramente algunas de esas personas van a perder su empleo o van a perder dinero. Y en el caso de las empresas sociales o empresas verdes, cuando nuestras fracasan, seguramente el cierre de ese proyecto va a tener un impacto negativo en las comunidades o en los ecosistemas que pretendía beneficiar. Pero ¿a qué me refiero cuando hablo acerca de fracasar conscientemente, Fail Mindfully? Creo que, para mí, significa ser conscientes del impacto que tiene el cierre de ese negocio, ser conscientes de las lecciones aprendidas y, sobre todo, ser conscientes de la gran responsabilidad de compartir esos

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aprendizajes con el mundo. Gracias.

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Para más ideas de TED en español visita TEDNESPANOL.com. Soy Jarrigry Garbulski y te espero en el próximo episodio.

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