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Relatos de la Noche

Una Bruja vive en la Azotea

Relatos de la Noche

Sonoro

Fiction, Drama

4.9 • 2K Ratings

🗓️ 2 May 2026

⏱️ 35 minutes

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Summary

Historias reales de terror que podrían ocurrirte en cualquier momento… desde un cuarto de azotea donde alguien o algo nunca se fue, hasta una voz idéntica a la tuya hablando dentro de tu propia casa.

En este episodio de Relatos de la Noche, exploramos encuentros con presencias que imitan, observan y esperan. Lugares cotidianos que se transforman en escenarios de algo inexplicable… y testimonios que dejan más preguntas que respuestas.

También viajamos hasta Argentina con una historia marcada por una presencia que acecha desde el campo abierto… y regresamos a México, a los caminos de Milpa Alta, donde una figura en la oscuridad parece conocer demasiado bien a quienes se cruzan en su camino.

Apaga la luz, ponte cómodo… y entra a estas historias que no deberían sentirse tan cercanas.

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Transcript

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0:00.0

Escuché que alguien caminaba alrededor de mi departamento de Sotea. Me levanté y atoreé bien la puerta con una silla, porque nadie tenía que andar a ir. Nadie subía a esa Sotea. Pabe la luz e intenté dormir. Y ahí me di cuenta de que ya no estaba solo en mi cuarto. Muy buenas noches comunidades, gracias por darnos la oportunidad de llevarles a ustedes las siguientes historias o hacer una noche. Bueno, muy buenas noches, hoy tenemos historias que les podrían ocurrir a ustedes cuando menos se lo esperan si están listos es momento de adentrarnos en las siguientes historias, si no tienen 10 condos para irse porque ya la comenzamos con relato suelanoche. 5, 4, 3, 2… La verdad, yo no tenía pensado terminar viviendo en un cuarto de azotea, pero tampoco tenía muchas opciones. El departamento es donde vivía a lo iban a tirar. Literalmente, lo sabizaron con poco tiempo porque ya habían vendido todo para tirarlo y hacer un edificio nuevo. Y aunque intenté buscar algo rápido, todo estaba carísimo, pedían requisitos que no tenía en ese momento. Avales con propiedad, varios meses de renta por el depósito. Pfff, imposible. Y me agarró muy malparado. Un muy buen amigo, Iban, fue el que me hizo el paro. Me dijo que su papá tenía un departamento en una vecindad cerca del centro, de las viejas, que era de cuatro departamentos nada más. Uno era el de él pero además le pertenecía un cuartito que casi no usaba en la sotea. Me dijo que si quería, podía quedarme ahí unos días a no que resolvía. Cuando fui a verlos sí me sacó un poco de onda del lugar. Era muy viejo, con la pintura que har comida por todas partes y los pasillos eran muy oscuros aunque era de día. Los departamentos estaban ocupados, se escuchaban televisiones, se olía que alguien estaba cocinando, una señora abriendo el patio. El cuarto de su té estaba arriba de un escalero extremadamente angosta, como escondida al fondo. Era pequeño, con una cama, un ropero viejo y una ventana que daba otras asuteas, y nada más. Antes de ir, si van me dijo algo que en su momento tomé como broma, que no se rentaba porque nadie aguantaba quedarse ahí, pero que no me espantara, que no pasara de que oye a cosas. Le pregunté por qué y nada más se rió. Me dijo que luego me contaba, que no me quería sugestionar, pero era justamente lo que ya había hecho. De todas formas yo acepté porque la verdad, como les digo, no tenía de otra. La primera noche me cago de como pude, deje mis cosas, barri un poco el polvo y me acosté temprano porque venía cansado de todo el movimiento de sacar mis pocas cosas a la casa. Ya de noche todo estaba en silencio y empecé a escuchar pasos ahí arriba, en la sotea, conmigo. a suotea no era la común, donde los temas subían a tender, la parte donde yo estaba estaba separada. Escuché como si alguien estuviera caminando de espacio, hasta arrastrando un poco los pies. Tense que era algún vecino o alguien que subía a ver quien había llegado, aunque se me hacía raro por la hora. Luego los pasos se tuvieron justo afuera de la puerta. Me quedé quieto, nada más escuchando, y entonces fue cuando sentí algo más raro, como si alguien estuviera del otro lado, ha gachado, atrás de la. No sé cómo explicarlo, pero se escuchaba como una respiración muy bajita, muy pegada a la puerta. Como si algo estuviera tratando de asomarse por debajo. No habrí medio miedo la verdad. Me quedé ahí nada más y moverme, hasta que después un rato los pasos se fueron otra vez como si hubieran bajado las escaleras esa noche dormí muy mal pero me convencite que había sido mi cabeza entre les tres el cambio y lugar nuevo todo eso el día siguiente traté de ser mi vida normal. Salí, busqué opciones de renta todo el día, hablé con gente, cuando regresé en la noche incluso desde un poco antes de subir, pero ya estaba ahí, y era mi refugio. Pero esa segunda noche fue distinta. Otra vez, creo que a la misma hora empezaron los pasos en la Sotea. Pero ahora no se veían talentos. Eran más constantes y hasta más firmes, como si alguien estuviera dando vueltas. Me levanté, fui a la puerta y me aseguré de que estuviera bien cerrada.

5:45.0

Le puse seguro y además arrima una silla como las películas para sentirme más tranquilo.

5:51.0

Recrese a la cama, apague la luz.

5:55.0

Y fue justo en ese momento cuando escuché.

6:03.0

Una risa, su surro, no sé. algo raro pero que no fue afuera. Estaba dentro, conmigo, muy cerca de la cama. Yo lo único que puse a ser fervultarme, pegarme a la pared, intentar ignorar, pero... Sentí como el colchón son día detrás de mí, como cuando alguien se sube a la cama contigo. Intenté moverme, voltear a hacer lo que fuera, pero esas alturas ya no pude. Sentí como dicen que es cuando se te sobe muerto. Así te golpe. Sentí a todo estaba consciente, pero no podía moverme un dedo, ni siquiera podía agritar. Y esa especie de risa, la sentí, sentía algo, el contacto, algo detrás de mí en la cama, un brazo, en el pecho, piel pegándose a mi espalda. No era una sensación normal, no era piel de alguien joven, ni de una persona sana, era una piel floga, fría, rugada y pegajosa como de alguien muy viejo y estaba completamente desnuda. Sentí cómo me rodeaba, cómo se acercaba más, cómo su cara quedaba justo detrás de mi cuello, el su sur ahorro tenía directamente en el oído. En ese momento fue cuando empecé a intentar, con todo moverme, no sé cómo, pero poco a poco fui recuperando el control de las manos, y luego de los brazos. En cuanto pude me giré de cortes sin abrir los ojos, sin poder ver nada. Pero el colchón se movió, como si alguien se hubiera quitado de inmediato, no prendí la luz, no me queda arriesar, abrié la puerta como pude a movir la silla, bajé les escaleras corri y salía a la calle. No me importa nada más, me desanucho no. Camines sin rumbo hasta que encontré un par que unas cuadras, había dos personas y no ganaron una banca, despiertas, me senté cerca de ellos sin decir nada. No quería estar solo. Me quedé ahí toda la noche. El día siguiente regresé al cuarto, pero solo por mis cosas. Subir rápido, no mirá ningún lado, agarré todo y me fui. Cuando vía y va, le pregunté bien directo que era ese lugar, que pasaba. Me dijo que ese cuarto antes lo ocupaba una señora, que llevaba años ahí, que nunca pagaba, que siempre tenía problemas con todos, que su papá tuvo que sacarle la fuerza con abogados y todo. Dicen que era una bruja, me dijo, pero de las que se hacen cosas bien feas, por eso siempre pensó que mi papá no se iba a animar a sacarla. Le pregunté que había pasado con ella. Sí que viva, me dijo, ¿se favore a Cruz era? ¿Qué dices que con unos familiares?

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Y ya, no me explicó nada más. Yo no regresé, pero lo que sí me quedó muy claro es porque nadie se quedaba en ese cuarto. Porque este el día de hoy estaba cío. Me llamo Brenda y esto me pasó esta semana santa, hace apenas unos días. Mis papás se fueron de vacaciones unos días y me pidieron si me podía quedar en la casa para cuidar a sus perros y al gato. Yo acepté sin pensarlo. Vivo sola desde ese tiempo, trabajó como mecera y la verdad siempre ando cuidando cada gasto. Entonces quedarme ahí, también me venía bien para no preocuparme por la comida, por la luz, por nada. Era hacerles el favor y de paso darme un respiro. La casa de mis papáses es una colonia muy, muy tranquila, donde el único ruido en la calle es cuando pasan vendedores y donde todo tiene un ritmo como de antes. Yo crecía ahí, entonces no es un lugar que me de miedo ni nada, al contrario, siempre me aparecí de un lugar seguro, por más soles que estén las calles a noche. El primer día llegué que ya muy tarde, después de mi turno largo. Venía cansada, con hèmbri, con ganas de bañarme y acostarme y ya... todo un normal. Pero antes de abrir la puerta de la casa, escuché a los perros. No estaban ladrando como cuando me escuchaban llegar. Estaban jugando, se escuchaban sus patas corriendo por la sala, ese sonido rápido que hacen cuando se emocionan, cuando alguien les estaba entiendo algo o cuando están con alguien que conocen, uno de ellos hasta hizo un ruidito, ese que hace cuando estaba muy contento, como un quehido cortito. Me detuve porque algo era muy claro, no estaban solos. Se escuchaba claramente que estaban reaccionando a alguien, como si alguien estuviera ahí dentro con ellos. Pensé que a lo mejor por alguno de mis tíos había pasado o algún vecino cercano, pero nadie tenía llave, y si alguien iba a ir, mis papás me hubieran dicho. Cerqué un poco más a la puerta y pegue lo hido, y ahí fue cuando sentía como raro. Entre los sonidos de los perros escuchaba una voz. Mi voz. No parecida ni como si. Era mi voz tal cual, con la misma forma de hablar, con los mismos tonos que uso con ellos, como cuando les dijo cosas tontas y hablo con los perros a no trabó. No entendí lo que decía pero reconoció perfectamente como hablaba. No hay que de completamente quita, nada más escuchando, y de repente esa voz allá dentro hizo un sonido bajito. ¿Cómo si se hubiera dado cuenta de que yo estaba del otro lado de la puerta?

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Háseme lo todo.

13:14.0

Acarreva el Lord y afrĂ­.

13:18.0

La casa estaba en silencio.

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Los perros estaban en la sala sobre el sillĂłn, completamente quietos.

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No ocurrieron hacia mí, no se movieron, no hicieron nada de lo que siempre hacen cuando llegó. El gato también estaba ahí, en el respaldo del sillón, viendome. Los tres sin moverse, como si supieran que los sabías sorprendido haciendo algo malo.

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Entre el espacio, deje mis cosas y prendí más luces de las que normalmente prendería. Revisa rápido la casa, el baño, la cocina, el cuarto de mis papás. No estaba en orden pero totalmente...

14:08.0

Esa sensación fea no se me quitó, me quedé con la teleprendida, la luz es del vasillo también. Los perros se subieron con mi hijo a la cama pero tampoco estaban tranquilos, se despertaban con cualquier ruido, levantaban la cabeza como, estuvieran esperando algo. Me acuerdo bien que le mandé mensaje a mis papás esa misma noche preguntándoles si alguien había ido o si alguien más te me llave. Les dije que juraría que escuché alguien hablando, como yo, al llegar. me respondieron hasta la mañana siguiente. Mi mamá me contestó primero por mensaje, muy breve, diciendo que no, que nadie había ido y nadie iba a ir. Y luego me puso que mejor les marcara cuando pusiera. Se me hizo raro. Les marca un poco más tarde camino al trabajo y ven el transporte con ruido alrededor tratando de sonar normal. Me contó mi papá. Le pregunte otra vez más directo. Seguro nadie fue. Nadie tiene ll de la casa. Me respondió algo que no vi venir. Tu mamá lleve dicho algo parecido. Le pregunté a que se refería. Me explicó que desde hace meses, cuando se quedaba sola en la casa, en las noches? Te silla que escuchaba mi voz, que les escuchaba en parte sus curas de la casa, en el pasillo, en la cocina, en el cuarto de lavado. Siempre donde la luz no llegaba bien, que le hablaba como si yo estuviera ahí. Ma. Oye. Ven. ¿Cosas así? Mi papá pensaba que era ni dase ella. Que se estaba su gestionando y por eso nunca me dijo nada. Pero lo que me cuentes tú me dijo mi papá. Esto ya no suena igual. Suena que está pasando algo de verdad en la casa ¿no? Yo no supe que decir. Ese día trabajé como siempre pero no dije de pensar en la casa. Revesé la noche con menos ganas que el día anterior. Antes de abrir me quedé en un momento escuchando, no se había nada, abrí, todo estaba bien, todo estaba en silencio. Durante esos días no volvió a pasar algo así, pero ya no me sentía igual en la casa. Ya no pague ningún el uso en la noche, dormía con la teleprendida, evitaba pasar por ciertas partes de la casa sin motivo y siempre se ha ruido cuando llegaba, como para que se supiera que ya estaba ahí. Los perros dejaron de comportarse raros después

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del segundo día. El gato también, todo volvió a verse normal, o al menos eso parecía. Cuando mis botas regresaron yo ya me quería ir, no les conté todo en persona, solo necesario, que yo tampoco me preguntaron mucho.

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Tencentones no me gusta quedarme ahí, sola. Voy claro, escasa mis papás, paso tiempo con ellos, comemos, todo normal, pero en la noche ya nunca me quedo. Y si alguna vez tengo que hacerlo, les juro que voy a dejar otra vez todas las luces prendidas. Gracias por aguantarme la suara tarde que salió este episodio comunidad, pero ya saben, a veces trabajamos tanto que el cuerpo no da para menos y no soblige, literalmente a tomarnos un descanso, aunque sea donas horas, pero para evitar el colapso. Pero bueno, ya estamos mucho mejor, llevarles estas historias siempre, siempre, siempre me pone de mucho mejor humor y me hace sentir acompañado por todos y por todos ustedes. En ese sentido creo que es mutuo porque siempre voy a agradecer que dejen que relatos a la noche les acompaña a ustedes. Ahora nos vamos a estar argentina con la siguiente historia. Una leyenda muy famosa de allá, que se nos va a aparecer muy pronto, vamos a ello. Me llamo Ysoy de lo más profundo de la provincia de Buenos Aires, lejos de todo. Este es una historia que mi familia siempre se han arrado de la misma forma. Sin adornos, mi cambio son que vaya pasando el tiempo, como sinéctric quisiera cambiar ni una palabra de la historia. De lo que pasó. Mis papás se fueron a vivir muy jóvenes a una estancia donde mi papá trabajaba como capatás, un terreno enorme. De eso son de malcanza saber el final y, donde el monte se mezcla con todo en el horizonte, los sueños que así nunca estaban, así que en la práctica vivían solos ahí, cuando todo empezó mi mamá estaba embarzada de mí, un día venía del pueblo caminando porque la dejaban en la entrada del camino, de ahí todavía tenía que avanzar un buen tramo y decían antes de llegar sintió que alguien la venía siguiendo. A lo mejor no por pasos claros, pero sí por esa sensación de que alguien está detrás de ti sin querer alcanzarte. Cuando volteó por fin, pionó entre los árboles, alto, quieto, mirándola. Mi mamá por el paso y fue cuando él se movió, como queriéndoles en real camino. Mi papá sale a buscar a mi madre porque ella se estaba tardando, y cuando llegó hoy violesena, sin decir nada se le fue encima de ese hombre. Siempre dice que lo golpeó muy

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fuerte. y cuando llegó hoy violecena, sin decir nada se le fue encima de ese hombre, siempre dice que lo golpeó muy fuerte, pero que el tipo no reaccionaba como alguien normal, que era como si no le doliéran los golpes por más que mi padre le doy a los puños. Antes de que lo soltara por fin, el hombre le dijo que no se quedara allí, que no era lugar para crear familia. Dice que se lo dijo con calma, aun cuando él estaba pegando y eso fue lo que más le quedó a mi papá. De todas formas, lo dejaron allí golpeado y regresaron a la casa pensando que todo había terminado. Esa misma noche empezaron a notar cosas muy raras. Primero los perros, que eran animales de trabajo, acostumbrados al campo, dejaron de salir en la noche. Ya no la draban y se quedaban pegados a la casa y si mi papá los intentaba sacar no avanzaban. Una noche salió porque los escucho inquietos, o viendo cerrar hoy, con la luna alcanso ver algo al límite del corral. No estaba tan lejos pero tampoco lo suficientemente cerca para distinguirlo bien. Era una forma oscura, más grande que un perro, más baja que un hombre, como si no terminara de ser una cosa u otra. Estaba sentado, mirándose adentro. Los perros no se acercaron y papá tampoco. Dice que lo que más le llamó la atención no fue la forma, sino... la manera en que lo estaba viendo. No como un animal. Se regresó a la casa sin hacer ruido y al día siguiente habló con un peón que llevaba años trabajando en la zona y ese hombre le dijo que no era

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el primero que veía algo así y que mejor no se metieran y le buscará que si eso ya lo había ubicado era buena señal. Mi papá intentó seguir su vida normal en esos momentos, olvidar lo que había visto. así poco después y crecía y los primeros años con reglas muy claras que en ese entonces no entendía, como no salir cuando pensaba oscurecer, no alejarme de la casa y siempre estar acompañado de alguno de los perros. Cuando tenía como 12 años fue cuando me tocó a mí, era una tarde normal, estoy jugando cerca de la casa con Ramón, uno de los perros,

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hijo de los que tenía a mis papás, un animal grande pero muy tranquilo sobre todo con En un momento se quedó completamente quieto. No cronió de inmediato. Solo se tenso y luego

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empezĂł a

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ser un sonido bajo mirándose al campo. Yo volteé pero no vi nada y él salió corriendo. Yo fui detrás sin pensarlo y avancé lo suficiente para ya no ver la casa detrás con claridad. Ahí fue cuando lo sientí ante a seferlo.

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El silencio se hizo total.

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No se escuchaban insectos ni viento ni nada.

...

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