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Relatos de la Noche

Relatos Macabros de Militares (y otras historias de brujas y fantasmas)

Relatos de la Noche

Sonoro

Fiction, Drama

4.92K Ratings

🗓️ 10 April 2026

⏱️ 31 minutes

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Summary

En este episodio de Relatos de la Noche, miembros del ejército comparten algunas de las experiencias más inquietantes que vivieron durante sus guardias nocturnas. En la primera historia, un soldado destacado en la sierra de México descubre por qué hay un puesto de vigilancia que nadie quiere cubrir.

En medio del bosque, algunos centinelas aseguran haber escuchado la risa de una mujer que se mueve entre las copas de los árboles… demasiado alto para que cualquier persona pueda estar ahí.

Después viajamos hasta Ecuador, donde un recluta recuerda una guardia nocturna en un cuartel rodeado de un bosque marcado por suicidios de soldados y antiguas ejecuciones. Las advertencias de los instructores parecían exageradas… hasta que una voz en la oscuridad comenzó a llamarlo por su rango.

La tercera historia ocurre en ese mismo cuartel. Durante una madrugada cubierta por neblina, un soldado es relevado antes de tiempo por un compañero… o al menos eso cree. Horas después descubre que ese compañero nunca salió del dormitorio.

Y para cerrar el episodio, una historia enviada por una miembro de la comunidad desde Tabasco. Todo comenzó con un encuentro extraño que su abuelo tuvo hace décadas cerca de un rastro. Desde entonces, algo parece haberse quedado con su familia… algo que todavía hoy sigue apareciendo.

Apaga la luz, ponte cómodo… y déjate llevar por estos nuevos Relatos de la Noche.

 

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Sign up for your $1 a month tiempo en Shopify.com y se ha quedado en un setup. porque había algo en el bosque, algo que definitivamente iba a escuchar y si tenía muy mala suerte iba a ver una mujer que andaba por las copas de los árboles. Las historias de esta noche son de militares que sabemos que es un tema que ustedes les fascina, les asusta pero les

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gusta como todos relatos, pero no solo eso. Además hablar de fantasmas, los de la memoria y las almas empena, de brujas y mes, también nos haremos tiempo para una historia de una maldición que ha seguido por años a alguien en la comunidad, y aún no sabe como escapar de ella y recuperar la paz.

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Les advierto que se escuchan muy probablemente... por años a alguien en la comunidad y aún no sabe cómo escapar de ella y recuperar la paz.

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Les advierto que se escuchan muy probablemente hoy no podrán dormir y si sueñan que les cuento una historia, una que nunca he escuchado aquí, una que atraviesa esta pantalla, este dispositivo, y al mes culpa de este, su podcast. Quizás es un asignal de que estarás protagonizando el siguiente, relato de la noche. Esto pasó cuando estaba destacada en un campamento militar en la sierra donde colintan dos los estados más peligrosos en México. No voy a decir exactamente dónde, pero es una zona complicada. Y no tanto por enfrentamientos, sino por lo que la gente del lugar decía que andaba en el monte. Dentro de la base había un puesto de vigilancia que casi nadie quería cubrir. Era un pequeño claro rodeado deodables muy altos. Desde ahí, por la posición, se veía un camino de tarcería que bajaba hacia varios pueblos de la sierra. La razón por la que nadie quería ser puesto no tenía que ver con emboscadas ni con enfrentamientos. Tenía que ver con algo que varios soldados aseguraban haber escuchado, y que algunos incluso decían haber visto. La llamaban la señora de los árboles. Decían que algunas madrugadas escuchaban una risa entre las copas de los árboles, una risa de mujer que definitivamente no venía del suelo, venía de arriba, de entre las ramas. Al principio yo pensaba que era por o cuento para asustar a los reclutas nuevos. Historias de esas que siempre aparecen cuando uno ande en el monte, hasta que me tocó ese puesto, y mi turno en la madrugada. Subí con un compañero que me iba a relevar más tarde, caminamos 15 minutos por una brecha hasta llegar claro donde estaba el puesto de vigilancia, luego me dejó solo, pero antes de irse me dijo algo que me dejó pensando, que si escuchaba alguien reírse, no más no mirar hacia arriba. Le pregunte por qué, solo se encoquió de hombros si me dijo que porque a veces, si iba a ver a alguien. Y luego se fue. El primer rato lo pase tranquilo. La sierra estaba completamente oscura esa noche. No se veía nada. Apenas escuchábamos insectos y el viento moviendo los árboles. Después de un rato empecé a escuchar algo más, era como si alguien se estuviera moviendo

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entre las ramas de los pinos.

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Pense que podría ser animales. Hardilla es algún clacoache, algo así. Pero entonces os escuché la risa.

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Era una risa baja como de alguien tratando de contenerla.

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De mi adarriba dentro de los árboles. Sentí ese tipo de frío que no tiene que ver con el clima.

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Recuerde lo que me habían dicho y traté de ignorarlo. Pero la risa volvió, y esta vez más clara. Y más cerca. No sé cuando tiempo pasó hasta que hizo lo que me habían advertido que no hiciera, y mire hacia arriba, y ahí estaba. Había una mujer entre las ramas y uno de los pimos, estaba sentada muy arriba donde las ramas ya son delgadas, demasiado delgadas para sostener pesos de una persona. Tive algo oscuro como un reboso, un vestido largo, y estaba ríéndose. No se movía, sólo estaba ahí como mirándose abajo. Me quede completamente quieto sin saber qué hacer. En algún momento levantó una mano, y sin aloce el camino de tercería que que vigilábamos y luego volvié a reírse.

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Instrintivamente bajé la mirada hacia el camino, no vi nada y cuando volvié a mirar hacia el árbol, ya no estaba. Pense que tal vez el cansacio me estaba jugando una mala pasada, pero unos minutos después Pues escuchemos torores, varios, si luces, tres camionetas bajaban lentamente por el camino de la sierra, no traían los faros encendidos, solo se escuchaban los motores, avise por radio y en la base se activaron del mediato. camionetas se tuvieron cuando hubieron movimiento militar en el camino, después hicieron vuelta y se perdieron entre las frechas del monte. Cuando terminó mi turno regresé a la base, el con té lo que había pasado uno de los argentos. No pareció sorprendido. Solo me preguntó una cosa, si le había visto arriba de los árboles. Le dije que sí, el sargento se quedó cachado unos segundos y luego dijo que a varios les había pasado lo mismo. Le pregunté si sabían quién eres a mujer. Algunos dicen que son bruchas que trabajan para los grupos que se mover en la sierra, que se suena los árboles para vigilar quién entra y quién sale, para vigilar a nosotros. Pero otros dicen que no tienen nada que ver con eso, que esa mujer lleva y mucho más tiempo que nosotros, mucho antes de que ver a soldados, mucho antes de que ver a camino. Yo no sé que ir a comunidad, pero si sea algo, desde entonces creo en muchas cosas que antes, veía solo como leyendas. Hola, mi nombre es Roger y soy de Quito, Ecuador.

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Esto me pasó cuando hice el Servicio Militar Voluntario. El cuartel donde me asignaron estaba junto a un bosque grande que el ejército costó de ava. Ese bosque ya tenía fama entre la gente de por ahí cerca. Decían que ella habían pasado cosas muy malas durante años. Hace c**** dos, su es**tios desoldados, incluso historia hace que en tiempo si un presidente mandaron... eh, c**** dar o positores ahí. Pero lo que más nos repetían los instructores no eran esas historias antiguas. Os advertían de dos dos cosas muy concretas. La primera en una zona del bosque donde varios soldados habían quitado la vida colgándose de los árboles. No se sien que si durante guardias sentíamos los hombros demasiado pesados, no debíamos voltear nunca, porque algunos curaban que los colgados se le subían encima de los entinelas, como si quisieran aliviar la presión que todavía sentían en el cuello. La segunda advertencia era todavía amarrada. Nos hicieron que a veces se matrugada, aparecen unas mujeres muy viejas vestidos de negro, que se metían al bosque sin permiso. Si llegamos a verlas, nuestro trabajo era imperir que entraran, pero por nada del mundo, dejar que nos tocaran. La primera vez que me tocó guardián ese lugar me asignaron uno de los tornos más pesados. De dos y media de la noche hasta la seis de la mañana. y pues tu iba desde el polígono de tiro, que era prácticamente la entrada al bus que desde el cuartel hasta las zonas donde empezaba un camino usado por civiles. Tiene que patrullar todo el extremo caminando, un recorrido de unos 20 minutos. Esa noche se afrió, yo vi a ligigiero y ya vi a mucha neblina.

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Cuando empecé a subirse a la parte donde estaban los árboles de los hicidios, ya estaban nervioso. No se veía casi nada entre la niebla. Intras caminaba empecé a escuchar ramas quebrándose, como se alguien caminara entre los árboles. Después vinieron sus urros. al principio no entendía que decían, pero poco a poco pude distinguir ya varias

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voces repitiendo lo mismo. Esto, esto que voy a contar, es difícil de creer, y yo mismo lo recuerdo muy borroso, como si hubiera sido un sueño, como si hubiera estado entre dormido y despierto las voces desían

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recruta recruta recruta luego otra palabra firmes firmes firmes firmes Y de pronto un grito fuerte como demando, el susto fue tan grande que me diguelta de inmediato. Al lombrar con el internavió nombre para adotrarse mi, llevaba a mi forma militar. Por un segundo pensé que el sargento te ronda, ellos eran aparecer sin avisar para revisar que nadie se desbureme en el puesto. Pero algo no estaba bien, el uniforme que llevaba se veía viejo, muy viejo, y cuando levantó un poco más la luz, pude verle la cara, comunidad, estaba muy morada. En ese momento recordé lo que no se vean dicho los instructores, no dije nada, solo medía la vuelta y seguí caminando, pero mientras avanzaba en pesa sentir al corrado, mis hombros pesaban cada vez más, como si alguien se estuviera apoyando sobre mí. Mire mi reloj, eran las 3 31 de la madrugada. y entonces escucho a través el grito, firme secluta, no sé por qué, pero en ese momento levanté la mirada y lo vi, era, creo que era el mismo militar, estaba esparado sobre mis hombros, Vycomor, como la cuerda todavía colcaba de su cuello. No recuerdo bien que pensé en ese momento, solo me salió decir casi por reflejo. Ya a mi sargento, déjame patruller en paz, ustedes deberían descansar. y corriendo de esa zona, cuando dejé atrás los árboles sentí que el peso desaparecía. Me senté un momento para recuperar el aire, para entonces tiran casi las cuatro menos diez. Decidimos volver a pasar por esa parte del bosque, esa noche. Un rato después de una luz acercándose por el camino. Era el verdadero sergento de ronda revisando los puestos, firmé mi asistencia y el siguió su camino. Todo parecía haberse calmado, pero todavía faltaba que amaneciera. Sería en menos un menos las cuatro y cuarto cuando vía alguien intentando meterse al bosque por la entrada. Tome el fusil y me acerqué. Cuando el hombre vía la silueta de un mujer pequeña, estía completamente de negro y con un velo. Me habló con una voz de anciana. Buenas noches, joven. Sólo estoy pasando. Es un atajo para ir a la casa de mi hijo. En ese momento recordé la otra adpertencia, retrocedí un paso y le dije que esa zona estaba restringida hasta la 6 de la mañana. Ella empezó a acercarse más a mí. Primero hablaba como una bola de defensa, decía que una persona mayor que debe ayudarla, pero mientras avanzaba su voz empezó a cambiar, más dura, una voz muy inojada, intentaba tomarme de la mano, yo solo se llardo se giendos sin dejar que me tocar, llegó un momento en que restricía el fusile y por por instinto, justo entonces escuché pasos corriendo. Dos mujeres jóvenes también vestidas en negro. Chegaron por el camino y tomaron a la anciana del brazo. Dijeron que era su abuela. Se disculparon y se la llevaron. Se afuera un por el camino hasta desaparecer en la nevelina, cuando por fin amaneció, sentí una livi enorme. Esto también me pasó durante el servicio militar, en el mismo cuartel del que hablé antes. Después de aquella noche en el bosque me tocó otra guardia, una semana es más tarde, pero esta vez en un puesto fijo.

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