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Dante Gebel Live

Manos sucias

Dante Gebel Live

Dante Gebel

Religion & Spirituality

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🗓️ 20 April 2026

⏱️ 76 minutes

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Summary

A veces, caminamos de prisa rumbo a la iglesia para asistir a la reunión, cumplir con el ritual, recitar nuestro credo y dar nuestra ofrenda; pero nos olvidamos de aquel al que vimos sufrir en el camino. Nuestros ojos dejan de ver al necesitado porque están ocupados contando hierbitas. Recordemos que la misericordia es el epicentro del mensaje divino. Unas manos sucias por ayudar al prójimo son la mejor ofrenda para el Señor. ¡El verdadero servicio a Dios ocurre al borde del camino y no dentro de las paredes de la iglesia!

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¿Qué es el que haces?

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¿Qué es el que haces?

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¿Qué es el que haces? ¿Qué es el que haces? ¿Qué es el que haces? ¿Qué es el que haces? ¿Qué es el que haces? ¿Qué es el que haces? ¿Qué es el que haces? ¿Qué es el que haces? ¿Qué es el que haces? ¿Qué es el que haces? Rec, cuando tenía yo unos 20 tantos años, 20-21, no tenía yo, el gran madre, quisieras... Llegar a mi edad y verte bien. No tenía la menor idea yo a los 20 tantos de cómo escribir, armar o articular un mensaje, un sermón. Sin embargo, por alguna caprichosa, por alguna soberana razón, me llegaban muchas invitaciones para predicar encampamentos de jóvenes, algunos pequeños congresos, iglesias pequeñas que se arriesgaban a escuchar este incipiente rudimentario y embrionario, este predicador que comenzaba a ser sus primeros pininos, sus primeros palotes hace muchos años. En los años 90, yo trabajaba en un seminario bíblico que tenía una gran biblioteca que incluía predicaciones en casettes. Y como sólo decir, si alguien aquí, en este mismo momento, está recordando lo que es un casette, ya está en edad de una buena colonoscopía anual. Cuídense. Háganse sus análisis rutinario, en serio, prevenen pólicos y algún tema peor. El tema es que comencé a pedir los casets de otros predicadores y estos me ayudaron a aprender a predicar. Recuerdo que me fascinó la oratoria de alguien llamado Ita Lo Frigoli

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a quien le mando un gran saludo, hace poco, justamente lo acabo de ver en Madrid. Así que tome alguno de sus mensajes, los cambió un poco, añadí mis propias ilustraciones y los comiencié a predicar. Técnicamente tome prestados, varios de sus mensajes, un repertorio un catálogo digno, que me permitió recorrer gran parte en ese entonces de América Latina. Personalmente, luego conocía a Frígoly, yo quería conocerlo, porque le había sido mi mentor, sin saberlo, y le hice saber que había sido mi maestro a través del caset en dialéctica, en método, en retórica, y fue cuando él también me confesó que la gente ya le empezaba a decir que él me estaba copiando mis sermones. Alguien le dijo, ya, y tal, lo deja de copiar adelante, que ve las tus propios sermones. Con el correo de los años, obviamente, comencé a escribir mis propios mensajes hasta dar con mi manual de estilo, con mi manera de ser. No sé si es la mejor, la peor, pero su manual de estilo, una manera de transmitir. Pero un día hace unos años me enteré de un joven predicador que empezó a predicar mis mensajes, un despreciable desgraciado, testable, infame, bicho rastreros, anquíjuela, rata de dos patas, ladrón de sermones, pues dije, ¿cómo puedes hacer eso? Son mis mensajes, hasta que recorde que yo había hecho lo mismo, y que tenía que sentirme honrado de producir algo que alguien más pudiera usar, y que otros estaban beneficiando con mi trabajo, así como yo también me había beneficiado por mucho tiempo con el trabajo de otros. Y fundamentalmente que los mensajes de Dios no tienen derecho de autor. La palabra de Dios no tiene derecho de autor, porque en realidad no nos pertenecen, los mensajes le pertenecen a Dios, ¿no? Hago esta aclaración porque hace unas semanas, llegó a mis manos un fascinante devotional, y ustedes saben que no suelo recomendar libros, o no suelo recomendar muchos libros. Este devotional se llama incendiarios, que por cierto, fue el libro más vendido del año en la categoría vida cristiana y el mejor libro original en español. Viene con muchos dibujos para la gente que le pesa un poco de noche, especialmente leer demasiadas letras, demasiada gráfica. Entonces, tiene su manera de llamar la atención. Lo escribió un muy buen amigo, llamado ITL Arroyo, násido en Bilbao, España, hace poco cruzamos algunos mensajes. Que además, por cierto, a pesar de su juventud, digo a pesar, porque decían lo mismo de mí, es un gran conferencista y un gran autor. Y en uno de sus geniales capítulos, de uno de sus geniales capítulos, yo tome prestado de manera arbitraria, intencional, deliberada, premeditada y adrede. La idea o la esencia, fue como un disparador al mensaje que te voy a predicar hoy. Hace unos años atrás, jamás le habría ayudado el crédito

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al autor, porque es miego y mi baja estima no me lo habrían permitido, ¿no? Pero como me estoy poniendo grande y además admiro a Itiel, no blesa obliga la esencia, la esencia, el disparador de este mensaje, no en mensaje en sí, pero el disparador, la idea, nace de de uno de los capítulos de este genial libro que hoy mismo tienen disponible aquí en el

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bookstore si quieren llevarse el libro incendiario. que no en mensaje en sí, pero el disparador, la idea, nace de uno de los capítulos de este genial libro

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que hoy mismo tienen disponible aquí en el Bookstore,

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si quieren llevarse el libro incendiario, que es, por cierto, maravilloso, que son 40 días de lectura, pero a veces uno tiene cierto escoso contra los devotionales, porque son a veces resúmenes de libros, lo hacen y siquiera lo hacen el autor lo hacen la editorial no aquí y él se puso

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describir y cada capítulo es intencional y cada capítulo me sorprende tiene una revelación fabulosa, fácil de leer, así que te lo recomiendo, yo hice que lo tuvieramos aquí en el busto y así que te lo recomiendo profundamente. Dicho esto, quiero que pasemos a la historia, que nos competen. En los tiempos de Jesús había muchos mafiosos de la religión que tenían códigos legalistas de segregación, de discriminación. Lucas, 10, 25, relata el encuentro entre Jesús y uno de estos tipos, uno de estos levantadores de barreras, estos que manejan a veces la religión. Dice la palabra que en ese día se presenta un experto en la ley, un experto en la ley, un religioso para poner a prueba a Jesús. O sea, las intenciones están a la vista, quería poner a prueba a Jesús, esa es su intención, ni siquiera viene de manera solapada, viene a poner a prueba a Jesús y le hace esta pregunta, maestro, ¿qué tengo que hacer para heredar la vida eterna? Nota que la pregunta pareciera inocente y nocoa,

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diáfana, transparente, pero la Bía dice,

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vino a poner a prueba, Jesús.

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Ahora te voy a explicar por qué.

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¿Qué tengo que hacer para heredar la vida eterna?

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La pregunta de este caballero.

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La típica pregunta trampa, ¿no?

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Que es con de algo.

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En el contexto judío, cuando escuchabas la palabra o la frase vida eterna, en realidad significaba de qué manera guardo la ley o la sana doctrina para poder ganarme el cielo, cuáles son los requisitos que se supone tengo que guardar. Entonces, este experto en la ley puso a Jesús en el estrado de los testigos, haciendo que todos a su alrededor se convirtieran en una suerte de jurado, porque todo mundo iba a estar prestando atención que iba a responder Jesús. Todos lo miraban para saber qué iba a responder. Dino Maestro, ¿qué hay que hacer para heredar la eterna? Es la pregunta. Jesús responde brillantemente. Con otra pregunta, yo supongo que para elevar la conversación a nivel del corazón por encima delamente. Él estaba ayudando a la persona que hacía la pregunta a descubrir lo que él creía, en verdad. Fue una pregunta, Trump, la que le hicieron a Jesús, pero Jesús responde con una pregunta retórica. Le dice, ¿qué está escrito en la ley? ¿O cómo le interpreta a tú? Jesús responde con otra pregunta. ¿Qué dice la ley? ¿Cómo interpreta a tú la ley? En palabra simple está diciendo, ¿tú eres el experto en la ley? Y me pregunta a mí, cuéntame lo que está escrito en la ley, tal como tú lo entiendes. Y después te respondo. La ley en la mente judía era la Tora, que son los primeros cinco libros de la Biblia, lo que conocemos como el Pentateuco, Génesis, Exodo, el ébítico número y de Euteronomio, ¿no? de allí se desprendían 600, de la Argentina, de la Argentina, de la Argentina, de la Argentina, de la Argentina, de la Argentina, de la Argentina, de la Argentina, de la Argentina, de la Argentina, de la Argentina, de la Argentina, de la Argentina, de la Argentina, de la Argentina, de la Argentina, de la Argentina, de la Argentina, de cual consideraban el segundo gran mandamiento. Ok, el primero amar a Dios, con toda tu fuerza, con todo tu corazón con tu a tu alma, y el segundo mandamiento, ¿cuál es?

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Esa es el debate.

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Algunos decían el segundo mandamiento es amar al prójimo,

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otros debatían y decían que el segundo mandamiento era mantenerse puro,

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mantenerse santo.

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Y ya empezaba la división entre los mismos judíos.

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