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Relatos de la Noche

La Bruja de la México - Querétaro (y otras historias)

Relatos de la Noche

Sonoro

Fiction, Drama

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🗓️ 13 January 2026

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Summary

Las historias de esta noche son sobre brujas pero muy diferentes entre sí. Una es de horror directo, y es una historia que le pudo haber pasado a cualquiera. La otra es una que nos llevará a conocer una familia por generaciones.

Una familia de brujas. Créanme, ambas valen mucho la pena, y sé que se quedarán con ustedes incluso mucho tiempo después de terminar de escuchar el episodio.

Déjense llevar, donde quiera que estén, y si pueden cierren los ojos. Escuchen con la luz apagada. Sumérjanse en los siguientes Relatos de la Noche.

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Transcript

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Era de noche pero mi hermanito ya no podía aguantar, no podía esperar a llegar un baño. Por eso nos atuimos unos minutos en la carretera México Querétaro y eso fue suficiente para no volver a ser los mismos, para cambiar nuestras vidas para siempre. Comunidad como están, muy buenas noches, gracias por venir, por escuchar, les agradezco mucho y creo que están aquí por algo, porque las historias de esta noche son sobre brujas, pero muy diferentes entre sí. Una es horror directo y es una historia historia que le pudo haber pasado cualquiera. La otra es una que nos llevará a conocer una familia por generaciones, una familia de brujas. Creanme, ambas valen mucho la pena y sé que se quedaran con ustedes incluso mucho tiempo después de terminar de escuchar el episodio. Dejen se llevar donde quiera que estén y si pueden cierran los ojos, escuchen con la luz apagada, sumérganse los siguientes relatos de la noche. se mucho de esto que les voy a contar. Estaban a secundaria pero me acuerdo muy bien de cada detalle, de cómo me sentí, del flio que hacía, de lo caliente que se sentía el área condicionado del carro de mi tía, que pasaba de congelarte a quemarte la cara. Mi papá estaba en cancún trabajando, así que yo me

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quedé cuidando mi hermano en el departamento donde vivimos en la colonia del Valle de la Ciudad de México. Él es muy tranquilo, ya estábamos a vacaciones, así que no me preocupé. Podíamos ordenar comida y yo podía preparar el desayuno y la cena. De hecho disfrutábamos esos sí hacenos que nos dejaba solos porque nos dormíamos tarde viendo videos y es

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a tarde todo se puso feo, ya habíamos tenido un susto por... De hecho disfrutábamos esas sillas en los que nos dejaba solos porque nos dormíamos tarde viendo videos.

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Y esa tarde todo se puso feo. Ya habíamos tenido un susto porque sonó la libertasísmica por la mañana, aunque no se sientió nada. Y apenas que hay el sol, una fuga de gas nos hizo dejar el edificio, junto a varias personas mayores que incluso se pusieron mal por la ansiedad. lo peor fue cuando nos hicieron que no podíamos volver, hasta que no hicieron investigación

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porque la fuga era peligrosa, y entonces alguien no llamó a mi papá. Lo único que pudo hacer fue pedir en favor a su hermana, a mi tealucía, que fuera por nosotros y nos dejara quedarnos con ella hasta que el volviera. No tenemos familia en la ciudad, mi amigo es suficiente confianza como para recibirnos a los dos, a los dos juntos por una semana sin eviso previo, así de la nada. Por eso es la única opción, pero Mittia Lucía vive en Querétaro. A la pobre le tocó salir de su casa en ese momento para poder llegar por nosotros a las diez de la noche, comprarnos algo de cenar al tomar carretera y manejar en la noche sin parar para llegar cuando antes a casa. Y si, todo empezó conforme a lo planeado. Nos paramos en una gasolina era cargar gasolina y luego buscar algo que pudiamos ir comiendo en su tienda. Un sangue chis en sabor, pero que serviría para calmar el ambre en el camino. Y unas botanas ya saben, lo que uno come en la carretera solo por ir comiendo. Mi tiana os preguntó tres veces, a llegar cuando estábamos comprando y cuando nos íbamos. Quieren ir al baño, porque ya no habrá oportunidad de llegar a casa, ya no nos vamos a parar, y nosotros respondimos las tres o ese lo mismo, que estábamos bien. Pero apenas habíamos avanzado una hora quizás, mi hermano le dijo que quería ser pipi, que ya no se aguantaba. Tenía ganas de que dejamos la gasolinaera, pero por vergüenza la haber respondido que no se intentó aguantar, pero ya no podía, y no había señales sin pueblo cerca. Estábamos a mi tado, no son muy oscura, no había más que despoblado a ambos lados. Monte. Hacía mucho frío. Mi tele dijo que aguantara un poquito más, pero mi hermano empezó a llorar, así que no se tuvimos. Me dijo que lo acompañara, pero el verro solitar y oscuro que estaba todo, ella decidió bajar también. Desde entonces intento ubicarse lugar, pero no logro decir dónde estábamos con precisión. Solo tengo sospechas, creo que hay muy cerca una anuncio enorme de seguros, en una colina, que se ve desde la carretera. Mi hermano bajo del carro y se le ocurriendo buscar un pequeño arbusto, donde cubrirse de la vista de mi tía, es muy penoso. Mi tía me dijo que lo siguiera de cerca para que no se fuera caer. Había alguna. Después de acostumbrar la vista se podía ver mejor. Mi hermano estaba haciendo cuando grito. Se había cercado un arbusto pero dijo que había un animal que se había movido. Una vibora grito. Yo no le creí pero me acerqué. Mi hermano se movió. Terminó y luego volvió allí. Me juró que se había movido algo. Yo no entiendo por qué tipo de curiosidad. Moví una rama grande que parecía sobrepuesta. Como si lo hubieran arrancado y lo hubieran colocado ahí. Les curo comunidad. Les curo que no les mentiría. No tengo por qué. Esta historia es anónima, pero les curo que al descubrir la rama y ver apenas debajo del arbusto. Algo se movía. Algo negrosco, que parecían dos alpientes, pero al poder ver en la escuridad, me di cuenta de lo que realmente eran, dos piernas. Dos piernas desnudas como la acción muerto, pero que se movían a sentirse descobertas, como dos lombrices retorciéndose al salir de la tierra. Todavía ni siquiera entendía que es lo que estaba viendo, cuando sentí un hermano en mi espalda, jalándome, con la otra mano calaba a mi hermano. Era mi tía que nos llevaba en silencio, pero con violencia se alcarro. Sin entender por qué obedeci, entendí la urgencia pero algo me hizo mirar atrás para comprender, eso fue lo peor, vía una mujer que caminaba rápidamente hacia nosotros con cara de fuya, enseñándolo sientes, no caminaba, parecía pero en realidad se arrastraba al gran velocidad. Le damos a la casa de la casa de la casa de la casa de la casa de la casa de la casa de la casa de la casa de la casa de la casa de la casa de la casa de la casa de la casa de laé que era eso y dijo que nada, insistí pero su respuesta fue que no había visto nada, pregunté porque no se había jalado así y se quedó callada, y no quiso decir nada más. Mi hermano tampoco hablaba, solo miraba por la ventana, como si no estuviera ahí, le dije metía lo que había visto en los arbustos, lo que vía al voltear cuando ella nos jaló, y me pidió que me callara, me gritó que me callara, hubo silencio

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hasta llegar a su casa, no hubo un comentario más, tampoco mi papá, mi hermano no me

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hicieron nada raro de lo que viento los arbustos, dijo que era un acerpiente, eso fue

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lo que le contó a mi papá, tuvo la suerte de no mirar atrás, de no ver lo que yo vi. Yo en ese momento les prometo que no conocía, no veía, no escuchaba nada de terror mexicano, pero con el tiempo encontrar relatos, donde gente comenta que las brujas se quitan a espierras para convertirse, y siento que eso pudo ser lo que yo vi, a una bruja volviendo por ellas, al lado de la carretera, donde nadie pensarían buscarlas. Entiendo perfectamente que la grame orilla de la gente no me va a creer, lo sé, tendré que caragar con eso toda mi vida. A ver visto algo tan claro, tener una experiencia

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que a mí me comproeba que todo es posible, pero no puedo ser convencer a la gente de que

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es verdad. Eso es lo peor. Pero gracias por la atención, por leer, por escuchar. La siguiente historia comunidad, creo que va a ser una de esas que la gente nunca olvida. Antes de pasar a ella le recuerdo que se suscriban por favor, que nos ejen un comentario porque es muy importante saber sus opiniones, sus chorillas y claro,

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si se encuentran el libro, compre lo, ya no está en todas partes, les dejo toda la información que necesitan en la descripción y pasamos a conocer una familia de brujas. Hola Oriel y un saludo a toda la comunidad.

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Mi nombre es Ganesis, por favor te pido que no digas me ha peído. Hace poco tuve la oportunidad de compartir con ustedes una experiencia de mi infancia. Me conmobió muchísimo la reacción de la comunidad. Durante muchos años mi familia y yo guardamos silencios sobre lo que vivimos, por miedo al que dirán, pero hablar sana. Hoy quiero compartirles una historia con el respeto que merece, porque es una vivencia de mi vizavuela. A ella la marcó para siempre y de alguna manera dejó cuyendo toda nuestra familia. Mi vizavuela falleció los 98 años por cáncer de mama. Tuvo una vida difícil pero también tuvo la bendición de una familia que la muy la cuidó hasta el final y nos dejo muchas historias. De esas que cuando alguien las cuenta bien, a los demás uno les queda poner atención y aprender. Ella era un excelente narradora, así que yo me tomé el atrevimiento de narrar esto en primera persona para que sientan que ella quien se las está contando. La historia se divide en dos partes y no se preocupen que pronto les haré llegar la segunda. Gracias a Securasón por darme este espacio, un abrazo para ti, Uriel, y para toda la comunidad. Este es la historia. Yo nací en abujo a Sonora, en un peorito llamado Camoa, que en ese tiempo era poco más que un rancho. Un estrento cuarenta familia, así ya, y ahí todos se conocían. No tengo muchos recuerdos felices de mi infancia, no porque se me haya emborrado, sino porque la verdad que así no hubo. Creci con una madre a la que el pueblo le tenía miedo, una mujer que la gente evitaba a nombrar. A nosotros nos tenía vigiladas como si el mundo de afuera fuera un enemigo. No nos dejaba salir, no nos dejaba jugar, no nos dejaba con vivir con nadie, la casa era todo lo que conocíamos y en todo lo que nos ocupábamos, desde muy pequeñas limpiábamos, cocinábamos, lavábamos, eramos tres niñas haciendo el trabajo completo de la casa, como si se fuera el destino que ya había decidido para nosotros, no más limpiar, no más la casa. Eramos tres hermanas, de nuestros padres nunca sopimos nada, ni nombres, ni rostros, ni mucho menos historias, y es que mi madre a los odiaba, los mencionaba con un coraje frío, como si hablar de ellos reensuciar la boca, hubo otro hijo, un baron y de eso casi no se hablaba, solo sé que cuando mi madre supo durante el parto que era niño, lo abandonó, ella decía que lo había regalado, pero siempre sentí que ella había algo raro, algo

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que nunca se dijo por completo.

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Con los años yo me pregunte muchas veces por que nos trajo el mundo, si fue para

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tener manos que les serviran ya, ahora no quedarse sola, pero eso nunca al supe, y no,

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no era una buena mujer, si nos daba techo comida, pero jamás fue una madre de verdad, de las que dan cariño, cuidan, para nosotros hacieralado aña de la casa, la persona para la que trabajábamos. Era robusta, chaparrita de piel muy morena, siempre vestia de negro, vestidos largos que le tapaban todo, del cuello está los pies, nunca se le vía el cabello, siempre traía reboso o algo que le cubrieron la cabeza y los hombros, cuando caminaba por el pueblo la gente bajaba la mirada, y eso no era normal, se sentía, era lloréme, ind y Oréme, como casi todos encamó, pero despreciaba los suyos. No sé ya lo que la gente del pueblo respetaba, lo de ella era otra cosa, y con el tiempo yo entendí que se metía en cosas prohibidas. Así lo decían los viejos cuando creían que no los oíamos.. Nosotras en cambio no nos pareciamos en nada ella. Eramos altas, muy pálidas, de ojos claros y con el cabello rubio. En el pueblo hasta mormaraban que no era mozujas, que una mujer como ella no podía parir niñas así. Algunos se hacían que nos había robado. Nosotras nunca

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lo confirmamos, pero con los años esa tuda sí se nos quedó viviendo adentro. Mi madre nunca nos dio cariño, nunca a un abrazo, nunca a una palabra bonita, pero eso sí, siempre aseguraba de que estuvieramos impecables, bien vestidas, aunque casi nunca salieramos. Ella misma cocía nuestras faldas largas y no sosialos rebosos. Era como si quisiera que no sieramos de cierta forma, como si eso fuera parte de algo. Yo, por ser la mayor, muchas veces estuve a que acompañar las cosas que no entendía, y siempre era lo mismo. Al final me obligaba a prometer que, a la manecer, no recordaría nada. Lo decía con tanta seguridad que durante años yo dudé de mi propia cabeza. No sabía si los recuerdos que me persegieren eran reales o si me lo sabían vendado. Pero había una rutina que sí era real, porque si nadie nos la quitaba, todas las mañanas íbamos el río. Y era el único parecido a la libertad. Ahí la vamos la ropa, recogíamos agua, nos vayábamos y también jugábamos, aunque

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fuera un poquito, un rato para sentirnos niñas, un rato para reírnos bajito, para jugar nada más, para fingir que vivíamos una vida normal, y justo ahí en el río, pasó algo que nos partió.

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Ese día cuando ya nos íbamos a realizar, y hermana menor, este, nos pidió quedarse un poco más, y eso no se podía, mi madre tenía una regla, nunca separarnos, jamás. Por eso le dije que no, le dije que no se iban a castigar si volvíamos sin ella, pero estersasto llorando, y sobre rinche se aferró al río como si no quisiera salir, como si supiera… no sé, como si supiera que esa ratita era lo último que le quedaba de calma. Yo no sé por qué se diga, tal vez por cansegancio, tal vez porque la habitan desesperada.

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Le dije a Patrizia, mi antro hermana, que fuéramos a dejar la ropa, la casa y volviéramos por este rápido. El camino era de unos 10 minutos, así que la dejamos mientas ahí, corrimos, de verdad. y cuando regresamos no hayan pasado más de 20 minutos, pero...

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esos minutos bastaron encontramos estera el orilla del río está en cogida como chagolita golpeada no rexonó cuando No conoció, la tierra estaba abuelta y ella tenía la mirada perdida, como si se hubiera ido por dentro y solo su cuerpo se hubiera quedado. Patricia yo entendimos en mediatos que había pasado algo malo, algo muy malo. Entre las dos lo metimos al agua, le limpiamos los golpes como pudimos con desesperación, como si el reo pudiera llevarse lo que le dolié. Le preguntamos una y otra vez que pasó, quien fue, de donde había salido, y este no contestaba, no lloraba, no gritaba, no decía nada, era como si no pudiera. No regresamos con una miedo que no se explicar. No era sólo miedo al castigo de mi madre, era otra cosa. Era sentir que el mundo allá fuera, si era tan cruel como ya siempre decía, como nunca le creímos el todo. Estir caminaba entre nosotros, sostenida, como si se fuera de sacer. Y ya casi llegando a la casa por fin, dijo algo. Bien bajito. Como si le diera vergüenza, como si ni ella misma estuviera segura de lo que decía. Fue... un cerdo. No, la triste yo nos atuvimos en seco.

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La voltea ver. ¿Qué dijiste Esther? Pero ya no quiso decir más. Se dobló del estómago evómito a mí mismo, como si es cuerpo quisiera expulsar el recuerdo. Y desde ese día día, este cambio. Mi madre jamás preguntó qué pasó, nunca mencionó el tema, y los golpes de Esther, pero el día siguiente empezó a acompañarnos al río, ya no nos dejó ir solas. Nos cubría con ve los negros antes de salir y nos apuraba como si tuviera prisa desconderar algo. Y a mí, desde entonces, el sueño se me hizo difícil. Hay cosas que uno intento olvidar, pero se quedan en la memoria como grabadas en piedra. Y lo peor no fue solo lo que le pasó a Esther. Lo peor fue escuchar esa frase, fue un cerdo y sentir que de alguna forma, en esa casa nada era normal, que tal vez el peligro no venía solo de afuera. Después de lo que pasó con Esther, nada volvió a sentirse igual a en la ella seía caminando, comiendo, obedeciendo, pero ya no estaba ahí. Era como si algo se lo hubiera quedado en el río. A veces se quedaba mirando un punto fijo durante horas, otras veces se despertaba gritando a la madrugada, pero cuando corriamos a verla no recordaba nada. Mi madre nunca habló del tema, nunca preguntó, nunca preguntaba nada, pero desde entonces comenzó a vigilarnos más de cerca, como si te mira que algo se le fuera de las manos, y fue poco después cuando empezó a fijarse en mi de otra forma. Yo tenía 11 años cuando mi madre dijo que había el gorrado en mí. No lo dijo con preocupación, sino como si hubiera encontrado una herramienta útil. Tú tienes algo. Me dijo una noche. Y hay que aprender a usarlo. Yo no entendía que se refería hasta que me obligó a ponerle las manos encima a a mujer del pueblo. Era una señora que se quejaba de un dolor fuerte en el brazo. Mi madre me dijo que no pensara, que solo tocara. Y cuando lo hice sentir algo, mi cuerpo se calentó de golpe, pero no como fiebre era, era un calor distinto, profundo. como si vinienas de ese adentro. Me empezó una vibración en los brazos que bajo hasta las manos. La mujer dejó de quejarse casi de el medierto. Dijo que el dolor se le estaba yendo. Yo me asusté, quise soldarla, pero mi mamá me sostuvo las muñecas con fuerza. No, me dijo, concentra a ti. Cuando la mujer se fue agradecida y confundida, yo me sentía agotada, como si me hubieran quitado algo, o peor, como si algo subiera quedado conmigo. Con el tiempo pasó más veces, y mi mamá empezó a atar gente a la casa, personas con dolores, con enfermedades, con cosas que los doctores no podían explicar. Yo no entendía como funcionaba, solo sabía que al tocar los entiasos dolores entrar en mí, y aunque ellos iban aliviados, yo me quedaba peor, nunca se iba del todo, algo se acumulaba en mí. Y madre tenía ya fama en el pueblo, gente que iba por trabajos por favores, por cosas que no se dices en voz alta, pero cuando se corró la voz de que yo podía liviar dolores, todo se salió de control, empezaron a a llegar personas de a tus lugares, incluso vecinos que antes nos evitaban, ahora tocaban la puerta. Es que a ti te envió Dios, me decían. Yo asentía porque no sabía que más hacer. Nunca me sentía enviada por nadie, en mi casa no se hablaba de Dios, no había santos ni rezos ni cruces, sólo símbolos, palabras extrañas y cosas que no debían tocarse. Mi madre nunca los corrió, que me creyendo algo divino le convenía, con los años me no fui apagando. Evolví irritable, triste, dormía mal, soñaba cosas que no entendía, a veces despertaba con las manos ardiendo, como si hubiera tocado algo mientras ormía, y entonces sin dar me cuenta, creci, me volvió una mucha chava bonita, no porque lo buscaron porque me interesaba, simplemente pasó, y con eso cambiaron las miradas. Los hombres ya no bajaban la voz al verme, son rey en demás, se cercaban, y fue ahí cuando mi madre dejó de obligarme a usar mi don, no por cuidarme, sino porque ahora me quería para otra cosa. Empezaron a llegar propuestas de matrimonio, ofertas, promesas de dinero, de tierras, de protección. Yo no era una persona para ellos, era un trato. Mi madre nunca aceptó ninguna, solo me escondió más, me vigilo más, y yo empecé a cansarme. Por primera vez sentí, odio, uno dio intenso que me daba miedo sentir porque se aparecía demasiado al de ella. Quería salir caminar por el pueblo en sucierme los pies, hablar con alguien sin sentir que estaba haciendo algo prohibido. Mi madre nunca celebró nuestros cumpleaños, para nosotros cumplir años no significaba nada, era un día más y ya. La única persona que rompía esa regra era dañar a Pilar, nuestra vecina. Era un anciana pequeña de sonrisa permanente, dio quitos cansados. Era la única persona del pueblo que no le tenía miedo a mi mamá. Se odiaban en silencio, pero pilar siempre encontraba la forma de hacernos sentir humanas. Cada año dejaba pan resinornado en la puerta, nunca se quedaba entregarlo, solo lo dejaba ahí, pero mi mamá no se dejaba comerlo. A así ese pan era lo único que nos hace sentir que alguien pensaba en nosotros, y por ella conocía Pancho, sonieto, yo lo veía desde la ventana, siempre llegaba a caballo, no era del pueblo, traía cosas por su abuela, cuando lo saludo de pilar empezó a empurrar, Pancho comenzó a visitarla más seguido. Un día los vi sentados en el patio tomando café, pilarse reía, Pancho les escuchaba con atención. Le sinerta en tranquilia que parecía imposible a nuestro mundo. Ese mismo día cuando regresábamos el río, Pancho se acercó para ayudarnos con los valdes. No alcanzó a tocar nada. La voz de mi madre lo tuve en seco. Un... no. Corte, duro. Y Pancho se quedó congelado. Y Pilar le llamó de inmediato. Antes entrar a la casa, mira a Pilar. Me sonrió, una sonrisa que se sintió como una despedida. Al día siguiente cumplí 15 años y como siempre nadie dijo nada, pero al salir al patio Pilar canasta de siempre, pan recién hecho, caliente. El olor me golpeó la cara, sabía que si mamá lo veía lo iba a tirar, Pancho estaba apoyado en la cerca, sonreía, pilarme saludos desde su puerta, y algo en mí en ese momento se rompió. Entra mi casa con la canasta, llame a mis armanas, les stí el pan y les dije que lo comieran, No se los pedí, se los ordené. Mi madre salió de su cuarto. Nos miró, yo la miré de vuelta y mordí el pan. El silencio fue horrible. El pan se había algo que nunca había probado, como si me devolviera algo perdido. Mi madre me sostuvo la mirada y por primera vez fui miedo en sus ojos. Esa noche no dormí. La casa crujía, el viento se ha ruido raros, dije en la madrugada le escuché cantar. Venía del patio, me acercé a la ventana, había una fogata y el fuego se movía extraño, ni me estaba despaldas, su postura no era normal, bajé a la mirada y vi sus piernas, no eran pies, no voy a explicar más, solo diré que entendí por fin que mi madre no solo hacia cosas oscuras, mi madre no era del todo humana. Y supe con una certeza que me lo la sangre, que lo que le pasó a Esther, nunca fue un accidente. Después de esa noche supe que ya no podía quedarme. fue una decis decisión valiente, fue una necesidad, como cuando el cuerpo reacciona ante el que la cabeza entienda, cada rincón de la casa empezó a sentirse ajeno, como si ya no me reconociera, como si algo me estuviera expulsando o reclamando. La mañana siguiente Pancho llegó golpeando a la puerta con urgencia, no tocó como visita, tocó como quien venía a salvar algo. Tu mamá se fue al cerro, me dijo Mosvaga, la vizal irá cerrato, pero eso no me tranquilizó al contrario. Pancho me dijo que a Doña Pilar estaba muy mal, que ya no podía quedarse sola, que se iban, que esa misma mañana se irían a Nayarit. Vente con nosotros, me dijo, no hay tiempo para pensarlo. Vente, mis ormenes estaban detrás de mi, calladas, temblando, las mire esperando que se dijeran algo, cualquier cosa pero no lo hicieron. Madre vas a verlo, dijo Esther, con la mirada clava de en el piso. Aquí estamos seguras, dijo Patricia, aunque su voz no vacía, siempre hemos estado aquí, es lo único que conocemos. Entendí entonces que el miedo ya vivía dentro de ellas, que no era algo que yo pudiera arrancarles, y entonces Patricia dijo, vete tú, a ti te mira diferente. Yo sentí que algo se me rompía por dentro. La sabrase, les prometí que volvería por ellas. No se había común y cuando, pero lo prometí igual.

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