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Paranormal

⭕️ HISTORIAS DE HORROR OCURRIDAS EN NAVIDAD PULSO #124 ⭕️

Paranormal

Fepo

Fiction

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🗓️ 31 December 2025

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La Navidad suele venderse como un tiempo de luz, familia y celebración. Una fecha diseñada para el descanso emocional, la reconcilación y la idea de que, al menos por una noche, el mundo es un lugar lleno de alegría, pero no todos los 25 de diciembre terminan entre villancicos, regalos y mesas llenas de amor. Algunas navidades son más oscuras, dejan marcas, cicatrices que nos acompañan por siempre. Una madrugada de navidad, mientras la mayoría del pueblo dormía con la calma propia de la noche buena. Mildred Hed despertó

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sobresaltada. No era un sueño ni una sensación vaga, sobre su techo algo se desplazaba. Provocaba sonidos extraños, arañazos prolongados, con pececos y un sumbido parecido al de las abejas. de las abejas. Al mismo tiempo, a pocos kilómetros de ahí, soldados asignados a una base militar, escucharon algo completamente distinto, pero igual de inquietante, un estruendo brutal, un rugido que hizo vibrar paredes inventanas, seguido por un silencio anormal. Algunos testigos dirían después que ese silencio fue peor que el ruido, como si el entorno hubiera quedado suspendido. Conforme amaneció, la situación se volvió imposible de ignorar. Desendas de habitantes reportaron vibraciones tan intensas que tuvieron que detenerse en plena calle cuando se dirigían a misa.

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Algunos perdieron el equilibrio, otros describieron la sensación como si el suelo respirara bajo sus pies. Nadie encontraba una explicación lógica. Mayor Yvai, una mujer local caminaba hacia el iglesia de Minster para el servicio de comunión.

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Las calles estaban vacías, el silencio era absoluto. Hasta que de pronto, un sumbido comenzó a alterar la calma. No era un ruido alejano, era un estruendo físico que rápidamente aumentó hasta volverse violento. Un sumpido mecánico y agresivo que saturó el ambiente. Mayor y describió que el sonido la golpeaba desde arriba, no podía ni siquiera alzar la vista. La vibración producida era tan fuerte que la tiró de rodillas contra el pavimento. El terror real comenzó ahí. Bandadas de palomas y gorriones que volaban sobre la zona murieron en el acto. Cayeron del cielo como piedras, se estrellaron contra los techos y el asfalto alrededor de mayor. Una lluvia de animales muertos. No había explicación. Simplemente cayeron muertos el impacto sónico. Sus cuerpos cubrió en el suelo, en una escena pesadillezca. Marjorie sintió una presión brutal en la cabeza de el cuello, como si algo invisible le estuviera plastando contra el pavimento. El ruido se so tan abruptamente como empezó. y quedó temb temblando en el suelo, rodeada de cadáveres de aves con los cuello rotos por la caída. Personas que no se conocían entre sí, reportaron lo mismo. Ruidos violentos provenientes del cielo, vibraciones físicas imposibles ignorar, una sensación clara de amenaza. los hechos de registrados, ocurrió en Guarminston, Inglaterra, el 25 de diciembre de 1964. Existen testimonios reales de civiles, reportes policiales, declaraciones de personal militar y cobertura periodística local y nacional. Nada de lo ocurrido puede reducirse a un incidente aislado o a una simple

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anomalía. Y estos hechos sólo fueron el inicio de la pesadilla. Lo más insólito comenzó

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cuando militares y civiles comenzaron a reportar algo más. La presencia, de entidadesidades no humanas La Navidad suele bocarnos imágenes de alegría, unión familiar y celebración celebración. Sin embargo, en distintos rincones del mundo existen relatos

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tradiciones y figuras asociadas a esta fecha que cuentan una historia muy distinta, una historia incómoda, una que rara a veces menciona cuando se encienden las luces del arbolito. Este especial de pulso paranormal no busca arruinar la festividad, sino recordar algo esencial. El invierno, históricamente, siempre ha sido una temporada de miedo, oscuridad prolongada, escasez, frío extremo y con esas condiciones surgen relatos diseñados para aterrar.

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Hoy exploraremos primero algunas de las leyendas y personajes navideños más perturbadores de distintas culturas, figuras creadas para imponer orden, generar obediencia o dar respuesta a aquello que nadie podía explicar. Historias transmitidas durante siglos, mucho antes de que la

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navidad se convirtiera en una celebración generalizada. Apague en las luces del árbol, ajusten el volumen y prepárense para conocer el lado más oscuro de la navidad. La sal está a ver iluminada, sólo por las luces del enorme árbol de Navidad. Mateo y Daniel se acomodaron frente a él, envueltos en sus cobijas. Sus padres, cansados de los insultos y berenches de Daniel, habien aceptado que los niños vigilaran la llegada de Santa con la esperanza de que eso calmar a su hijo mayor. Mateo, el menor, como siempre, acompañó a su hermano. Ser bueno pensaba, era seguirlo, aunque él nunca lo tratara bien. Además, le emocionaba la idea de ver a Santa trayendo sus regalos. Pero Daniel cayó rendido minutos después, con la boca abierta y los brazos en cualquier parte. Mateo permaneció despierto, figía dormir, pero su corazón estaba alerta, ansioso, emocionado. Si Santa llegaba quería verlo con sus propios ojos, no quería ruinar la sorpresa, así que apenas entrabreo un párpado cuando escuchó los primeros pasos. Era empezados, muy pesados, la emoción lo invadió. Santa, debe ser Santa, pensó, se quedó quieto, rígido como un estatua, evitando cualquier movimiento que pudiera adelatarlo. Pero los pasos acercaron demasiado rápido, demasiado pesados, demasiado extraños. Lo que entró en la sala no se se ha ruido de botas ni de tela rosando. Era un sonido más primitivo, más animal. Mateo abrió un poco más el ojo y lo vio. Aquello era alto, encorvado, con cuernos retorcidos como raíces negras. Su cuerpo estaba cubierto de un pelaje aspero que parecía moverse por voluntad propia. Y su lengua larga, rojiza, colgaba fuera de su mandíbula como una serpiente moribunda. Las pesuñas golpeaban el piso con un sonido seco y tenebroso, que retumbaba en el pecho del niño. Mateo quiso cerrar los ojos. No pudo.

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Quiso levantarse, tampoco lo logró. La criatura inclinó la cabeza hacia los niños, entre sus manos sostenió un saco de cuero viejo que se agitaba, como si dentro hubiera algo vivo. Daniel no se despertó. Mateo sintió como la sangre le martillaban los oídos, no podía gritar, no podía moverse, el miedo lo tenía clavado al suelo. Entonces la criatura se detuvo, giro lentamente el rostro hacia Mateo. Lo observó y sonrió con una sonrisa tan amplia que parecía desgarrar su propia piel. En ese instante Mateo lo entendió. Recordó las historias. Era crampus, el que se lleva a los niños malos. Su hermano encajaba demasiado bien, carieso, grosero, cruel con todos. Cranpo se inclinó entonces sobre Daniel. Abrió sus fauses y dejó caer su lengua sobre el rostro del niño sin aviso. No fue una caricia, fue un acto de mensual. Lento, húmedo, deliberado, le recorrió la mejilla, la nariz, los labios entra abiertos. Daniel no despertó, respiraba a hondo, como si el sueño subiera a vuelto más profundo y pesado. Mateo observó como los globos oculares de su hermano se movían rápidamente por debajo

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de sus párpados. Daniel estaba atrapado en una pesadilla y él no podía moverse. No podía agritar. Solo observar. Entonces la criatura abrió el saco. Mateo alcanzó a ver el interior. No había fondo, No había forma. Son un espacio rojo y negro que parecía moverse por capas, como carne viva respirando. Había manos, docendas, manos secas delgadas con la piel oscurecida y cuartada, como se hubiera sido quemada y olvidada demasiado tiempo cerca del fuego. Sabrían y cerraban impacientes. Daniel no se despertó, ni siquiera cuando la criatura cerró sus garras alrededor de su tobillo. La presión fue lenta, calculada, hasta que la carne se un dio, que a la puso levantó de espacio dejando que la

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cabeza colgar hacia atrás y que la sangre bajara al rostro. Daniel siguió dormido, con la boca entre abierta, balanceándose en el aire mientras su peso tironeaba de la pierna, estirándote en dones, forzando en la articulación. Mateo sintió como la sangre le martillaba en los oídos, pero no podía gritar, no podía moverse, el miedo lo tenía clavado al suelo. Creampus introdujó a Daniel de espacio, sin brusquedad, como si respetaron ritual antiguo. Primero las manos, luego el torso, cuando el niño empezó a un dirse en el saco, las manos salieron a su encuentro. Lo sujetaron. Mateovió como los brazos se doblaban en ángulos imposibles. Escuchó los prógidos secos repetidos, iguales al sonido de ramas partidas bajo el peso del cuerpo. No hubo gritos. El sueño seguía atrapando a Daniel mientras saque yo la acomodaba dentro del saco, doblandolo, rompíéndolo. Cuando crampusultó el cuerpo de Daniel, las manos se retiraron con su trofeo. El saco volvió a cerrarse, la realidad fue engullida por los curidad. Cuando amaneció, sus padres encontraron a Mateo sentado frente al árbol. No reaccionó cuando lo llamaron, no parpadeó cuando los acudieron, subó que estaba entravierta como si quisiera gritar todavía, pero no salió sonido alguno. Daniel Nunca apareció. Mateo nunca volvió a hablar.

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Y cada navidad cuando las luces titilan sin razón. Mateo se estremece a recordar que aquello que vino por su hermano también lo vio a él y le sonrió. Santa Claus, un símbolo universal de alegría, regalos y calidez, uno de los personajes principales en estas fiestas de sembrinas, es una creación relativamente reciente. Su imagen luminosa domina la temporada, pero no siempre fue así. Mucho antes de que este señor vestido de rojo sonriera en tarjetas navideñas, otros seres recorrían estas fechas, criaturas que no premiaban la bondad, sino que castigaban la soberbia, castigaban a los desobedientes y recordaban que el invierno, en su esencia más antigua, es un territorio de sombras. A continuación, te presentaré algunas criaturas y espectros navideños provenientes del folklore de distintos países. Todos son personajes reales de la tradición popular, documentados desde hace siglos, aunque algunos parezcan demasiado perturbadores para ser ciertos. Por supuesto, tendremos que comenzar con el infame Krampus, protagonista de la historia que acabas de escuchar. Pero Krampus no estaba solo. La compañia en brujas alpinas que desgarran bien tres, espíritus hambrientos que vagan por montañas nevadas, caballos espectrales que golpean puertas en la noche o incluso duendes trabiesos. Comencemos entonces con crampus. En la noche del 5 de diciembre, previo al día de San Nicolás, aparece Cranpus, una criatura demoniaca, concuernos, cuerpo cubierto de pelo y cadenas ruidosas. Según el folclor al pino, Cranpus castiga a los niños que se han portado mal durante el año, encontrase con San Nicolás que premia a los buenos. En antiguas postales victorianas, llamadas Clampus Carten, se le representa secuestrando niños en un saco para llevárselos al infierno o algún otro destino terrible. La tradición de Clampus es muy antigua, probablemente con orígenes paganos, precristianos y todavía todavía se celebra en Austria, Baviera y otras regiones alpinas en la Krampus Natch, noche de Krampus. Esta ocurre el día 5 de diciembre. En esa fecha hombres disfrazados de este diablo navideño recorren las calles asustando a los niños, entregando carbón y baras como advertencia. La siguiente es una historia real que involucra directamente a crampus. Esta, supuestamente, es una historia real que nos recuerda que este personaje, Aunque puede parecer simplemente una historia o una leyenda para asustar a los niños, de vez en cuando es una criatura real. Abro comillas. Nunca le conté esto a nadie en persona, solo lo escribió una vez muchos años después, porque entendí que cargarlo solo era peor. Tenía 8 años cuando escribi la carta. No fue un juego, no fue una broma infantil, fue una decisión tomada con rabia. El niño se llamaba Marcos, vivía 3 casas de la mía, era un poco mayor, sobre todo más grande, y sabía exactamente cómo hacer daños sin dejar marcas visibles, me empujaba, me escupía a la cara, me encerraban del cuarto de herramientas del colegio. Una vez, me orinó encima y me obligó a quedarme así toda la tarde. Cuando se lo dije a mis padres, no pasó nada. Cuando lo dije en la escuela, tampoco. Ese diciembre, en clase, nos hicieron escribir cartas de Navidad. Todos le escribieron a Santa, yo no, yo ya no

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creí en él, en casa teníamos libros viejos, cuentos alpinos, ahí aparecía crampus, no

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como una leyenda, crampus aparecía como algo real, un castigo, un verdugo. Mi carta fue corta, decía básicamente que Marcus era malo, decía que mentía, que lastimaba, que nadie lo detenía, decía que yo no quería juguetes, solo quería que él dejar a delastimarme. Doblé la hoja, la metí en un sobres sin nombre, y la dejé en el borde de mi ventana, como había leído que se asía. La noche del 24 de diciembre no dormí. escuché los pasos en la nieve, no eran humanos, eran pesados y regulares, hubo un sonido metálico como cadenas arrastrándose, algo golpeó la pared de mi casa, no tuve el valor de asomarme, metapé la cabeza y me quedé quieto. No recé. Sólo esperé. Y luego... Luego... No logro recordar. Pero a la mañana siguiente, Marcos desapareció. Dos días después, la policía acordó no su casa. Digieron que había sido

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un accidente que salió de noche, que se cayó por un barranco cercano. Digieron que los animales hicieron el resto, pero los adultos hablaban en voz baja, los vecinos murmuraban. alguien dijo que el cuerpo estaba mal. Que quienes lo vieron quedaron perturbados. Que no parecía una caída. Que no parecía un accidente. Yo no dije nada. Semanas después, el padre de Marcos he quitó la vida. La madre se mudó. La casa quedó vacía. Pero algo más paso. En el camino de tierra detrás del barranco, encontraron guayas. No eran de botas. No eran de animales conocidos. Eran profundas, con una forma extraña, como pesuñas partidas. partidas durante años pensé que había sido coincidencia me convencí de eso el tiempo pasó crecí me fui del pueblo pero cada diciembre sin decepción escucho algo a veces es cascabel, a veces es un golpe seco contra la

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pared, a veces son pasos que se detiene justo afuera de mi ventana, nunca volvió a llevarse a nadie

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cerca de mí, ya no era necesario, crampus existe, lo sé. Yo abri la puerta aquella noche. Yo le escribi la carta. Yo empujé a Marcos por el barranco aquella noche. Mari Luit. La Mari Luit es una tradición real de Gales con raíces anteriores al cristianismo. Su forma es perturbadora. Una calabera auténtica de caballo montada en un palo, cubierta por una tela bajo la cual se oculta a una persona. No nació como una celebración, sino como un rito. Su origen, se asocia prácticas celta de invierno, realizadas en el momento más crítico del año, cuando la supervivencia no estaba garantizada. El caballo era visto como un animal liminal, capaz de cruzar fronteras entre mundos. Por eso, la Mary Luiz no representaba un disfraz, sino más bien una presencia, algo que regresaba desde fuera del ámbito humano para exigir reconocimiento y respeto. En versiones antiguas, su llegada no era bienvenida por costumbre, sino por necesidad. Abri la puerta significaba aceptar la visita de una entidad vinculada a la muerte estacional y al reinicio del ciclo. Rechazarla implicaba arriesgarse a la mala fortuna, la enfermedad o el fracaso del nuevo año. Con el tiempo, el ritual fue su avisado,

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surgió el punco, un duelo de versos que decidía si la Mari podía entrar en la casa. Este elemento social ocultó parcialmente el miedo original, pero no lo elimino, la calavera, el velo y la mandíbula móvil, no eran decorativos, eran señales claras de algo que no pertenece al mundo de los vivos, pero que vuelve cada invierno porque así debe ser. Aún hoy recorre pueblos, para algunos es simple folklore, para otros, otros sigue siendo la visita controlada de la muerte. Grilla y los Julé Lats. En Islandia no hay un Santa Claus Bonachón, sino 13 trabíesos de los juguetes, que decienden desde las montañas uno por uno en los 13 días previos a la

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navidad. El primero en aparecer es este que ha stor, rígido y torpe, que apenas baja de las montañas se metan los estables para molestar a las ovejas, como si ese fuera su único propósito en el mundo. que tras de él viene Guil-Ya-Goir, que pasa a las noches oculto en las grietas de las granjas esperando el momento exacto para robar la espuma de la leche recién ordenada. Luego llega Stufur, pequeño, rápido, siempre el asecho de una sartén olvidada olvidada. Porque para él no hay festín más apetitoso que los restos de grasa reseca. El ciclo continúa con criaturas igual de incómodas. Zborrus Leikir, Huesudo y casi espectral. Se acuelen las cocinas para la mercucharas largas, dejando a las familias inutencilios y con la sensación de no haber estado nunca solas. Lo sigue, pota es que fit, que urgaba en las soyas vacías para devorar lo que quedara pegada al fondo. Y detrás, Ascas Lakeir, que oculta bajo las camas esperando que alguien deje su tazón en el suelo para rebatárselo con una rapidez que rosa los sobrenatural. Cuando parece que nada puede ser peor que estos extraños duendesillos aparece jurtas que fiz, cuya única intención es romper el silencio nocturno, a sota puertas, despierta casas enteras y convierte la noche en un sobresalto constante, pero aún no hemos terminado. Después baja Skirgao Mur, hambriento de Skir, el yogur Islandés que devora compulsivamente como se llevara meses sin probar comida. A él le sigue Viuhna Kraikir, que se esconden entre las digas para robarse al chichas en cuanto a la vigilancia flakea. Pero los más inquietantes llegan casi al final. Gluga Gayir, el mirador de ventanas, es acerca sigiloso para observar el interior de las casas. A veces, según las versiones más antiguas, buscaba objetos que pudiera robar. Otras veces, buscaban niños despiertos. Luego aparece Gautate Fur, que gracias a su enorme nariz, rastre la aroma del pan tradicional, conocido como Lloyd-Babriet, y entra a hortadillas para robarlo. Te trás, con pasos lentos y un gancho en la mano, llega Ket Crocour, que horta carne, usando severramienta, como si fuera una extensión de su propio brazo. Por último, el 24 de diciembre, desciende Kertas Nikir, el ladrón de velas. En tipos antiguos, esas velas estaban hechas de grasa animal, un tesoro para criaturas que dependían de cualquier

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oportunidad para alimentarse. Su llegada marcaba el cierre del desfilo oscuro que precedía a la navidad. Todos ellos son hijos de grilla, una gigante Ogresa, cruel, la cual es el auténtico terror.

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Según el folkloreclor medieval, bajas desde su cueva durante las fiestas para llevarse en su saco a los niños de sobedientes y luego cocinarlos en su olla. También poseen al gato de navidad, un enorme gato negro que devora a quien no estrena ropa nueva en noche buena. Estas leyendas documentadas desde la edad media han asustado a generaciones de pequeños islandeses. Sin embargo, con el paso del tiempo, los Jule Lads se han dulcificado. Odejan regalitos en los zapatos de los niños buenos, pero originalmente eran estas figuras temidas. Y buscando en archivos antiguos, me encontré con una carta en donde se habla de un encuentro real, con guerrilla. La carta dice lo siguiente. Mi familia no hablaba de esto en público. En Islán de Aya historias que no se cuentan, porque no sirven de advertencia. Mi hermano menor Einar tenía seis años, herinquieto, insolente, y parecía que no conocía el miedo. Una tarde de diciembre, una mujer golpeó la puerta.

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