Especial de Historias de Traileros y Carreteras
Relatos de la Noche
Sonoro
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🗓️ 16 December 2025
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Summary
En este episodio de Relatos de la Noche regresamos a la carretera, a esos trayectos que parecen rutinarios pero que, en ciertos momentos, se convierten en algo imposible de olvidar.
Un viaje de trabajo junto a un padre y su hijo, una decisión tomada en medio de la noche y un encuentro que deja marcas para toda la vida, abren una serie de historias donde detenerse —aunque sea por compasión— puede cambiarlo todo.
A lo largo del camino aparecen figuras extrañas, pueblos casi vacíos y presencias que no siempre se explican desde lo racional. Entre motores encendidos, brechas oscuras y el silencio de la sierra, la fe también toma un papel central.
Oraciones, promesas y la protección de un santo se cruzan con el miedo, la violencia latente y aquello que parece acechar a quienes viven del volante. No todos los peligros vienen de frente, y no todas las salvaciones son visibles.
Tres relatos unidos por la noche, la carretera y la sensación de que hay lugares —y momentos— donde simplemente no debimos detenernos. Apaga la luz, acompáñanos… y prepárate para volver al camino.
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Transcript
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| 0:00.0 | A través de un camino muy oscuro. Uno que pensó que lo minaba mis faros, pero mi instinto me decía que tenía que seguir, llegarlo más pronto posible a la carretera principal, a la civilización. Respirebendo, pero frente a mí en la carretera, una mujer que minaba de espaldas, descalza, había apenas a tiempo a tiempo para frenar y no atropellarla, me detuve antes de llegar a ella, fultió hacia mí. Es una buena noche para contar historias a terror, el ambiente es frío por aquí, desde donde escribimos y se antoja a tomar un café, un |
| 0:45.6 | té, un mate y reunirnos a contar y a escuchar historias. |
| 0:50.6 | Agradezco a toda la gente que las ha compartido y sobre todo a quienes van a escuchar los |
| 0:55.2 | siguientes relatos, hechos, de conductores, de traileros. |
| 1:00.5 | Historias de la vida al volante, de los encuentros en carreteras que no van a dejar su mente, sobre todo si nos escuchan mientras manejan. Y bueno, si van a escuchar este episodio manejando y de noche, pues, es el escenario perfecto, que les puedo decir. Este episodio está dedicado a ustedes que van manejando. Todos los demás, los que estén en sus casas o vayan en el transporte público si pueden cerrar los ojos, y dejen se llevar, porque ya están entrando en los siguientes relatos de la noche. Mi papá manejaba un camión de redilas, esos pequeños camioncitos se carga que tienen redilas, rejas o barandales, pues, delmitando |
| 1:49.0 | la plataforma de carga. |
| 1:51.5 | Era de su trabajo, pero lo dejaban usar los fines de semana para chambas extra, siempre |
| 1:56.2 | y cuando lo cuidara mucho. |
| 1:58.0 | Y en uno de esos viajes a otro pueblo, es donde nos pasó lo siguiente. |
| 2:03.4 | Fuemos a un pobladito unos 40 minutos de aquí a llevar unos materiales para una obra en construcción. Gargamos unos costales de cemento y unas maderas. Como muchas veces yo me le pegue. Me gustó a ayudar a mi papá aunque en ese entonces todavía no podía cargar tanto. Tenía 12 años. La obra donde dejamos todos estaba vacía, pero le habían dado las |
| 2:26.0 | llaves para dejar adentro la carga. Y va a ser una casa muy grande, y eso me sorprendeo. Porque en ese pueblo ya vía no más unas cuantas casitas, no eran ni ni mil habitantes, quizás menos, ¿eh? Y casi todos en casitas viejas hechas de forma rudimentaria. Y así el final de una calle, esta vez acaso tensiernes. Esta construcción que se veía de lejos, de dos pisos con terrasa. Ahí fuimos a dejar la carga, y como les digo que yo no cargaba tanto, nos tardamos un buen rato. Acabamos por ahí del asocho, cerramos con candado el cerco y ya bien cansados nos pusimos regresar. Y vamos contentos, mucho, porque mi mamá cada que trabajábamos en fin de semana nos preparaba algo rico que nos esperara calientito en la casa. Nadie való armazó una comida caliente, como quien no ha tenido para comer, y esa era mi apá. Así que estábamos apurados por volver. que ya que sera la más alta del pueblo. De ahí vimos que apenas un par de casitas se vean prendido una lucecita. Y eso que ya está oscuro. Se miraba bonito desde ahí. Atravésamos el pueblo en unos minutos nada más. Y antes llegara la última salida. Una señora nos vio. Y corrió nosotros levantando los brazos. ¡Chevamos al siguiente pueblo, por favor! Le doy todo lo que tengo. Se refería a nuestro pueblo, a donde íbamos, y cuando dijo eso nos enseñó las monedas, la pobre no contaba ni vente pesos. Mi papá le preguntó si todo estaba bien, si necesitaba ayuda, y la señor insistió en que les lleváramos al pueblo, que se subían atrás, que no correríamos peligro. Mi papá se rio, ¿cómo iba a crear esa señora que mi papá? Un hombre robusto ha acostumbrado a cargar bultos de cemento, se iba a sostar con ella. |
| 4:25.8 | Se bajó de la camineta y le preguntó qué pasaba, le dijo que si la llevaría pero quería una explicación. La señora agradeció, le dijo que su hija estaba mala, que tenía que llevarle urgente al pueblo. Mi papá le repiteó que si lo haría, que se subieran. la señora entonces hizo una señal y de entre los arbustos salió un muchacho con cara |
| 4:47.0 | de niño peronorme. |
| 4:48.9 | Seguro me día más de dos metros. Yo nunca había visto alguien tan alto. Traía cargando una muchachita que se veía de mi edad. A pesar de la estatura los ojos del muchacho me acuerdo bien, eran de inocencia. de miedo. La señora ayudó a subir a la muchacha la parte de atrás el camión, mi papá se quedó callado, no sé si quería más explicaciones. La señora le dijo que aprovecharan que estaba dormida, que lo saligara lo más pronto de ahí mientras pudieran. Mi papá le preguntó si estaban en peligro, y la señora dijo que si veían a su hija fuera, pudían encharla. Sin entender nada, mi papá subió a la camioneta. Esta se bajó por el peso del muchacho que subió de un brinco y continuamos por el camino. Este camino es mi pueblo que era feo, peligroso, así que mi papá yo fue con cuidado aunque la señora le decía continuamente de ese atrás que se apurar. Unos kilómetros adelante algo mas iba diciendo pero no entendíamos, y sin preguntar saque medio cuerpo por la ventana y le pregunté a la señora que pasaba. Me vio contra este a saldarse cuenta de que yo era un niño. Me dijo que le pieran papá a acelerar, que le había dado pastillas a su hija pero no quería que despertara. No a la mitad del camino, no en la oscuridad. Se lo dije a mi papá pero el dijo que no, que era peligroso y más rápido, que seguiría así y que liciera como pudiera. |
| 6:39.0 | Se escuchó algo rible atrás, la camioneta se apagó de repente, el motor, el radio, todo, como si se hubiera quedado sin energía. Escuchamos atrás al muchacho forsejear con algo, la señora decía cosas llorando, cosas que no distinguíamos pero se escuchaban tristes, como si llorara, y se oía también un nombre más insultando, alguien más estaba ya tras con ellos. Mi papá se bajó, tomó su cuchillo y me dijo que no me moviera, que pusiera seguro. Recuerda el sonido de la montaña, de la cierra, los grillos, la noche, potente, los forcegeos atrás. Mi papá dio dos pasos afueras y a la carga, y luego volvió. Me dijo que no me moviera, que escuchara lo que escuchara, no me fuera a bajar. Eso me por la ventanilla quedaba hacia atrás, apenas podía ver entre las redilas. No había ningún nombre gritando, lo que estaba hablando era la niña. El muchacho se le había echado encima como para intentar controlarla. Mi papá ya había subido la caja, ayudaba. No se había que ni a como pero lo escuchaba a batallar también. Luego escuchó la niña reírse, como si le hicieran cosquillas, ya con su voz y entrellando y esas risas gritaba, vámonos, vámonos! El radio se prendió, mi papás al todo de la caja se subió, pálido, muy pálido, y él es Moreno, pero en ese momento parecía una hoja de papel. Parece que no tuvieran nada de sangre en la cara. He hecho andar la camioneta y nos dejamos ir camino abajo. Le piso. Hace leeró sin pensar en los sollo en el camino ni los barrancos al lado. La camioneta solo brincaba y brincaba y atrasveía a las señoras sosteníéndose y al muchacho presionando a la niña contra el piso. Yo me agarre bien. Nunca había tenido tanto miedo en la vida. Por lo que vi, por lo que escuché, pero también porque nunca había visto mi papá manejar así. Ni siquiera me contestaba, parecía hido, y dos veces estuvimos a punto de agarrar más la curva y caer. Frenueste que íbamos entrando a mi pueblo, y la señora grito que no se detuviera, y papá gritaba de vuelta preguntando a donde la chavava, la señora gritaba nada más que no frenara, que siquiera. yo le dije a mi papá, dice la señora que no te detengas, pero él al entrar paró la camioneta y se abagó. Sentí un peso enorme cuando el muchacho bajó de un salto, vía hacia mi derecha, la niña sale corriendo con el muchacho en los pasos intentando agarrgarla, alganzarla. La señora se le acorriendo, cogeando detrás de ellos, y mi papá y yo nos quedamos ahí, viendo como se perdían en la noche. Nos subimos que ocurrió. Ese día ya bien noche, cuando pensaron que estaba dormido, escuché a mi papá llorar. Me levanté y pegue el oído en su puerta. Él le decía a mi mamá que cuando se nos apagó la camaneta, cuando se bajó a ver qué pasaba atrás, la niña estaba flotando. La niña estaba como acostada pero parecía que se iba revolando y el muchacho la detenía con todas sus fuerzas. Tijo que ella era la que estaba hablando como un señor que les haría una voz horrible de ese dentro. Saben, después de eso la gente de por aquí le empezó a decir el abuelo a mi papá y es que precisamente raíste esa noche se le cayó casi todo el en cuestión de semanas, y el que le quedó se le volvió blanco, muy blanco. Se veía como un viejito aunque aún llegaba a los 50. Por mi trabajo ese poco me ofrecieron subir a que el poblado, ya hay más casitas, algunas grandes, bonitas, dije que no, y es que no subido desde aquella noche, mi papá menos, nunca es super oro que vio, quizás porque nunca volvímos a saber de la señora, de muchacho, ni de aquella niña. buenas noches mi comunidad. Víamo Teresa y les agradezco mucho por acompañarme tanto en los días en los que estoy solita. Víen a mis dos niitos a cuidarme en los híens de semana, pero de lunes a viernas ya me quedo sola. Y he encontrado no ustedes en sus historias, una ventana a un mundo que no conocía. |
| 11:47.0 | Nunca me gustaron las cosas de terror, pero por alguna razón escucho su programa con gran atención. Siento que los conozco a cada uno que he compartido una experiencia, y así es como finalmente me animé a contar la mía. allá por los 90 a mi gordo mi esposo que en paz escance se llama |
| 12:05.7 | dejando su trailer, Ella estaba grande, cansado, su enfermedad lo había debilitado y cada vez así había que son más cortos. Por suerte en su trabajo lo apoyaron y le permitieron hacerlo así. No sé cómo sean otros lugares, pero por acá los maleantes acercan mucho a los traileros, que ellos sean un rado si tenes su trabajo normal y les vaya bien, los quieren contratar casi que se obligados a andarles llevando sus burquerías, a aprovechar sus viajes normales. Así se le acercaron a mi gordo, le dijeron que ya varios de sus compañeros lo habían hecho, pero ya estaban vistos, así que ahora le iban a usar a él. Como en muchos casos le dijeron que tenía dos alternativas. Hacerlo y ganarse un buen dinero o decir que no hay sufrir las consecuencias. Y mi gordo, te recuinesas y como era, les dijo que hicieron lo que quisieran, pero que él no les llevaba nada. Y así terminó aquello, al menos por un tiempo. |
| 13:08.1 | A la semana lo volvieron a buscar, le volvieron a decir lo mismo, que le iban a dar una segunda oportunidad. |
| 13:14.5 | Ahora le iban a pagar menos, pero que si volvía a decir que no, simplemente ya no iba a vivir para contarlo. |
| 13:23.1 | Le preguntaron de que le iba a servir la dignidad |
| 13:25.7 | una vez estando muerto y ahí se lo hicieron pensar, pero de nuevo los mando al diablo les dijo que no les tenía miedo. Pero eso era una mentira, claro. Ahí ya fue cuando me lo contó a mí y me dijo que estaba preocupado, que no creía que fuera una amenaza se invano. La partir de entonces ya no salíamos juntos y él siempre salía solo, ya no me |
| 13:49.7 | deja... que estaba preocupado, que no creía que fuera una amenaza en vano. A partir de entonces ya no salíamos juntos, y él siempre salía solo, ya no me dejaba usar su carro. Si yo salía para todo me sirco unas decinas, hasta la tienda, nunca sola. Quien sabe de dónde, pero hasta se consiguió una pistola. A veces lo veía somándose por la ventana, cuando escuchaba voces raras en la calle, de gente que no era de aquí. Yo lo veía quedarse con la mano en la pistola fajada, listo para sacarla. Lo que hicieron fue torturarlo con el miedo, porque no le dijeron cuando, nada más que iban a ir por él. Yo estaba muy mal y seó comente una vecina, muy de bota, y nos contamos para ser oración. Entre amigas, con la conocida de una conocida de una conocida, llegamos a toñamayo, que vino desde lejos a orar conozotras y a pedir por su protección. Medio unas veladoras rojas para San Pedro, les había resado toda la noche, velándolas. Me dijo cómo rezarle para ser alcordin visible a sus enemigos, y yo empecé a rezar, con mucha, mucha fe, convencido de que así, con oraciones, era como yo pude ayudarle, la única forma que me quedaba. Y un etar de s lo estaban esperando. Dos muchachos apenas mayores de edad y uno viejo experimentado. Los tres con armas, listos para cumplir la orden. Estacionados en la esquina convista Clara para la casa. Y el recuerdo ver visto ese caro desde temprano. Recuerdo que sentía algo raro, pero hice lo que hace siempre, se equipe y tiendos a un pedro, que me lucien invisible a los enemigos. Habían pasado semanas y mi corduos estaba descuidando, había dejado de tener miedo, o se había cansado de tenerlo, una de las dos. Desde día salió caminando para ir a dejarle rápido un herramienta a su compadre, otro traileró que vivía la vuelta a dos cuadras. Pasó por enfrente del carro de los icarios, pero no le hicieron nada. Luego el gordo pasó de vuelta, con su paso lento y pesado como siempre, sin prisa, de nuevo frente a ellos, avanzó dándoles la espalda caminando hasta acá, hasta la casa, y llegó sin ninguna novedad. Apenas unos minutos después, estamos platicando cerca de la ventana con los que escuchamos el sonido de una patrulla, y luego escándalo. Una patrulla había pasado y Dios sospechosos a los hombres en el carro y se acercó. Luego luego uno de los muchachos salió corriendo. Los otros dos no alcanzaron y sacaron la pistola y lo se tuvieron con varias armas. Al muchacho que corrió lo agarraron unas horas después. Ah,, al que más miedo tenía, fue al que les acararon todo. Era su primer trabajo. Mi corda era la prueba para que se uniera a los otros, la lafanda. Estuvieron esperando toda la mañana para matar a mi corda, pero dijo que nunca lo vieron salir, que se quedaron ahí esperando, atentos a la casa, a la ventana, a la puerta, pero no salió. Y eso fue lo raro comunidad, porque les juro que si lo hizo, que les pasó por delante. Y allí entendí que aquí lloración no solamente era sentido figurado, que San Pedro me lo hice invisible por un momento a sus enemigos y estoy segura de que solo salvo la vida. Mi gordo murió muchos años después en 2010, una vida tranquila sobre todos sus últimos años. me lo dejó de manejar si yo yendo al almacén con sus compañeros, yo creo que los muchachos nuevos le aprendieron mucho, sobre todo que la dignidad no tiene precio. Y ahora le pido a San Pedro todavía, por todos ellos, los que llegaron después de él a trabajar los camiones, porque manejen con cuidado, |
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